El panorama empresarial global experimenta un momento de renovada confianza. Según la Encuesta Anual a Analistas de Fidelity International, las compañías se sienten más optimistas que en cualquier otro periodo desde las turbulencias económicas provocadas por la pandemia. El motor principal de este entusiasmo es inequívoco: la oleada histórica de inversión en inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica que la sostiene.
Este análisis proviene de las observaciones detalladas de más de 120 especialistas que monitorean empresas en todo el planeta. Durante el último año, estos expertos han realizado más de 20.000 reuniones con altos directivos de corporaciones de renta variable y renta fija. El mensaje que emerge de estos encuentros es predominantemente positivo, aunque no exento de matices preocupantes.
El efecto expansivo de la inteligencia artificial en la economía real
Terence Tsai, responsable del equipo que analiza fabricantes de semiconductores a nivel global, confirma que el impacto de la IA está ampliándose considerablemente. Según sus palabras, el despliegue de estas tecnologías no ha alcanzado todavía su punto álgido, sino que continúa expandiéndose hacia nuevos sectores y aplicaciones. Esta tendencia está generando flujos de ingresos sostenidos que se proyectan durante años.
El sector tecnológico es el principal beneficiario directo, pero las ramificaciones alcanzan ámbitos tan diversos como los materiales industriales y la energía. La demanda de electricidad para alimentar centros de datos y las materias primas necesarias para construir infraestructuras digitales ha experimentado un resurgimiento tras más de una década de estancamiento. Los datos son elocuentes: el 64% de los analistas del sector de materiales reporta que los directivos se muestran moderada o considerablemente más optimistas respecto al próximo ejercicio, cifra que se eleva hasta el 81% en el ámbito de las tecnologías de la información.
Srishti Sinha, quien realiza el seguimiento de empresas eléctricas estadounidenses, confirma que los pedidos se han disparado. Las compañías de servicios públicos bajo su cobertura han incrementado sus planes de inversión a cinco años en un 20%, tras haber aplicado ya un aumento similar el año anterior. Este ciclo de inversión masiva refleja la necesidad de proporcionar varios puntos porcentuales de capacidad eléctrica adicional cada año durante el resto de la década.
Fusiones y adquisiciones: el capital busca consolidación
El exceso de liquidez circulante también se refleja en las expectativas sobre operaciones corporativas. Aproximadamente la mitad de los analistas del sector industrial anticipa un incremento en la actividad de fusiones y adquisiciones durante este año, frente al tercio que lo preveía hace doce meses. En el ámbito tecnológico, el 63% de los especialistas espera ahora un aumento de estas operaciones en los próximos meses.
Noriyuki Takizawa, analista sectorial japonés, explica que lograr aumentos significativos de productividad mediante la IA en la integración de sistemas puede requerir una cierta escala operativa. Por ello, es probable que las grandes corporaciones busquen movimientos de concentración para fortalecer sus capacidades de implementación tecnológica. Además, las valoraciones generales del sector han descendido significativamente respecto a niveles de hace dos o tres meses, creando oportunidades para estos movimientos estratégicos.
La presión inflacionaria persiste: costes al alza y salarios estancados
Sin embargo, este escenario de euforia inversora convive con señales de alerta. Los costes se han incrementado de manera ostensible durante el último año en prácticamente todos los sectores, y la mayoría de los analistas no prevé que estas presiones remitan. Solo el 8% de los encuestados espera que la inflación disminuya en los próximos doce meses, mientras que el 40% anticipa un aumento adicional y la mitad cree que se mantendrán en niveles similares.
Lo verdaderamente preocupante es la divergencia entre los costes salariales y no salariales. El indicador trimestral sobre expectativas de costes laborales para los próximos seis meses se sitúa cerca de cero por primera vez en tres años, lo que sugiere que los salarios no están aumentando al mismo ritmo que otros componentes inflacionarios. Esta brecha plantea serios interrogantes sobre el poder adquisitivo de amplios segmentos de la población.
La mayoría de los analistas que cubren empresas de consumo señalan la asequibilidad y su impacto en los consumidores de menores ingresos como su mayor preocupación para el año venidero. Chase Bethel, quien analiza gigantes de la distribución estadounidense como Walmart y Costco, identifica el potencial aumento del desempleo y la caída del gasto de los consumidores como el mayor riesgo para los fundamentos de sus empresas durante los próximos doce meses.
Geopolítica y tensiones en los mercados energéticos
El contexto geopolítico constituye otro factor de riesgo significativo que muchos analistas mencionan con preocupación. La competencia entre gobiernos por materias primas industriales está elevando los costes y presionando los márgenes de los fabricantes. Esta inflación impulsada por la oferta podría impedir que los bancos centrales reduzcan los tipos de interés según lo previsto inicialmente.
La situación se complicaría aún más si los gobiernos deciden implementar medidas de compensación para mitigar el impacto del aumento de precios del petróleo y el gas en los hogares de menores ingresos. Estas políticas fiscales expansivas elevarían los tipos de interés básicos a largo plazo, con consecuencias para la financiación empresarial y el endeudamiento privado. Además, los fundamentos de la deuda corporativa no cotizada están mostrando señales incipientes pero crecientes de tensión.
Los analistas del sector sanitario también alertan sobre las repercusiones de los conflictos armados para las cuentas públicas. Justin Teo subraya que la sanidad representa una partida importante en los presupuestos nacionales, y dado que otras prioridades como el gasto en defensa están ganando protagonismo, aumenta la presión sobre los presupuestos sanitarios. Esto se suma a la preocupación generalizada por una regulación más agresiva de los precios en este sector.
Rentabilidad y distribución de dividendos en alza
A pesar de estos riesgos latentes, la confianza empresarial se mantiene elevada. Las compañías están capitalizando la inversión en IA y el alza sostenida de las bolsas. La expectativa general es que mejoren la rentabilidad sobre el capital y aumenten los pagos de dividendos a los inversores. Más de la mitad de los analistas encuestados espera incrementos en la distribución de dividendos, proporción que alcanza el 63% en el sector tecnológico.
Esta mejora en la rentabilidad refleja que las grandes corporaciones tecnológicas como Microsoft, Meta y Google no están simplemente impulsando las valoraciones bursátiles con sus inversiones en IA, sino generando actividad económica real. El capital desplegado eventualmente alcanzará a los trabajadores que construyen las nuevas fábricas y centros de datos, desde albañiles hasta electricistas, ampliando gradualmente la base de beneficiarios de este ciclo inversor.
En clave: Por qué importa
La Encuesta a Analistas de Fidelity International revela una economía global en una encrucijada fascinante. Por un lado, estamos presenciando uno de los ciclos de inversión más potentes de las últimas décadas, impulsado por la inteligencia artificial y capaz de transformar sectores completos desde la tecnología hasta las infraestructuras eléctricas. Este fenómeno está generando oportunidades de negocio, rentabilidades bursátiles y planes de expansión empresarial sin precedentes recientes.
Por otro lado, persiste una amenaza seria: la presión inflacionaria continua, especialmente en materias primas y energía, combinada con salarios estancados que erosionan el poder adquisitivo de amplios segmentos de la población. Esta divergencia podría crear una economía de dos velocidades donde los beneficiarios de las ganancias bursátiles y las rentabilidades de activos prosperan, mientras los consumidores de clase media enfrentan crecientes dificultades.
Para los ahorradores e inversores, esto implica la necesidad de diversificar estrategias. Las oportunidades en sectores vinculados a la IA son evidentes, pero también lo son los riesgos de sobrevaloración y las amenazas macroeconómicas derivadas de tensiones geopolíticas y presiones sobre el consumo. La clave estará en identificar empresas con fundamentos sólidos, capaces de trasladar mejoras de productividad a resultados sostenibles, y no simplemente beneficiarias temporales de un ciclo especulativo. La sostenibilidad de este optimismo empresarial dependerá en última instancia de que los frutos de la revolución tecnológica se distribuyan de manera más amplia en la economía real.



