El sistema de pensiones español ha conseguido mantenerse, de momento, dentro de los márgenes de seguridad establecidos por la reforma impulsada en los últimos años. Según los datos revelados por Fedea, las previsiones más recientes de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) indican que el gasto neto en pensiones se sitúa en el 13% del PIB de media hasta 2050, tres décimas por debajo del límite crítico del 13,3% fijado en la normativa. Este estrecho margen evita, al menos por ahora, la puesta en marcha de medidas correctoras automáticas y posibles incrementos adicionales en las cotizaciones del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI).
¿Qué es el MEI y cómo funciona?
El Mecanismo de Equidad Intergeneracional se estableció como parte del segundo paquete de la reforma de las pensiones y representa una cotización adicional que recae sobre trabajadores, empresas y autónomos. Su objetivo principal es generar recursos adicionales que permitan garantizar la sostenibilidad del sistema ante el envejecimiento progresivo de la población española. La implementación de este mecanismo se diseñó de forma gradual: comenzó en 2023 con un tipo del 0,6% sobre la base de cotización y aumenta progresivamente hasta alcanzar el 1,2% en 2029. La estructura de financiación establece que las empresas asumen la mayor parte de esta cotización adicional, mientras que los trabajadores por cuenta ajena aportan una proporción menor.
Los fondos recaudados a través del MEI se destinan íntegramente al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, popularmente conocido como la hucha de las pensiones. Los resultados han sido significativos: en 2025 este mecanismo ingresó 4.906 millones de euros, lo que supuso un incremento del 32,9% respecto al año anterior. En 2023, su primer año de funcionamiento, se recaudaron 2.729 millones, cifra que ascendió a 3.689 millones en 2024. Durante los primeros ocho meses de 2026, ya se han percibido 4.049 millones de euros, según los datos oficiales del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
La cláusula de salvaguarda que marca el límite
La Disposición adicional segunda del Real Decreto-ley 2/2023 incorpora un mecanismo de control conocido como cláusula de salvaguarda. Este dispositivo establece que cada tres años, comenzando en 2025, la AIReF debe evaluar si el gasto neto proyectado en pensiones para el periodo 2022-2050 supera el umbral del 13,3% del PIB en promedio. La revisión realizada en mayo de 2026 ha sido crucial: estimó un gasto bruto corregido medio del 14,6% del PIB, pero al descontar el efecto de los ingresos adicionales (1,6%), el resultado neto queda en el 13%, dejando ese estrecho margen de tres décimas que evita la activación de las medidas correctoras.
Si en algún momento el gasto proyectado supera ese límite del 13,3%, el procedimiento legal es claro: el Gobierno debe negociar con los agentes sociales y presentar al Parlamento un conjunto de medidas para eliminar el exceso. Estas medidas pueden consistir en incrementos de ingresos, recortes de gasto o una combinación de ambas estrategias. Ahora bien, si la ley que recoja esas medidas correctoras no entra en vigor el 1 de enero del año siguiente a la evaluación, se activará automáticamente una subida de las cotizaciones del MEI. Concretamente, la cotización aumentaría en dos décimas para compensar parcialmente la desviación estimada, y continuaría incrementándose en otras dos décimas cada año hasta que se aprueben medidas alternativas con el mismo impacto o se logre corregir el exceso de gasto.
La factura de las pensiones: una trayectoria ascendente imparable
Los datos actuales confirman que el gasto en pensiones mantiene una tendencia claramente alcista. La Seguridad Social estima que la factura alcanzará aproximadamente el 15,3% del PIB en 2050, aunque la AIReF maneja una previsión aún más elevada, situándola en el 16,4% del PIB para ese mismo horizonte temporal. Los factores que impulsan este crecimiento son múltiples y estructurales: la jubilación de la generación del baby boom, la revalorización automática de las pensiones conforme al IPC y el aumento de la pensión media, impulsado por la salida del mercado laboral de trabajadores con carreras de cotización más largas y bases salariales superiores a las de generaciones anteriores.
En términos absolutos, las cifras son contundentes. En 2025, las autoridades destinaron 182.526 millones de euros para costear las pensiones contributivas, lo que representó un incremento del 5,7% respecto a los 172.653 millones de 2024. Si miramos más atrás, en 2023 fueron 161.067 millones (un 10,88% más que en 2022, cuando se gastaron 145.269 millones). Esto significa que en apenas tres años la factura ha aumentado un 25,6%. Durante los primeros nueve meses de 2026, el departamento que dirige Elma Saiz ya había empleado unos 123.761 millones de euros en pensiones, un 6% más que en el mismo periodo del año anterior, lo que representa el 77,6% del presupuesto anual destinado a esta partida.
En clave: Por qué importa
Que el gasto en pensiones se mantenga tres décimas por debajo del umbral crítico es un dato técnico que encierra implicaciones profundas para millones de ciudadanos. Por un lado, evita de momento una subida automática de las cotizaciones del MEI, lo que significa que trabajadores y empresas no verán aumentar su carga fiscal en este concepto más allá de lo ya programado hasta 2029. Por otro lado, este estrecho margen muestra la fragilidad del sistema: cualquier variación en las proyecciones demográficas, económicas o en la evolución del mercado laboral podría situar el gasto por encima del límite en la próxima evaluación trienal. Para los futuros pensionistas, especialmente los más jóvenes, esta noticia confirma que el debate sobre la sostenibilidad del sistema está lejos de cerrarse y que las reformas estructurales seguirán siendo necesarias en los próximos años.



