España se enfrenta a un desafío económico y social sin precedentes. La cohorte demográfica más numerosa de la historia del país, compuesta por quienes nacieron aproximadamente entre 1960 y 1980, está alcanzando la edad de jubilación. Este grupo generacional vivió la transición democrática, el ingreso en la Unión Europea y algunas de las décadas de mayor crecimiento económico registradas en el país. Sin embargo, su legado demográfico presenta una particularidad crítica: protagonizaron una caída abrupta y sostenida de la tasa de fecundidad, estableciendo un nuevo paradigma que determina gran parte de los retos actuales en materia de envejecimiento, pensiones y sostenibilidad del Estado de Bienestar.
El impacto de esta generación en las finanzas públicas ya resulta palpable, aunque los expertos advierten que las presiones más intensas llegarán en los próximos años. Según datos demográficos, en 1964 y 1974 se registraron picos de nacimientos cercanos a los 700.000 bebés por año. Estas cifras extraordinarias explican por qué las jubilaciones masivas de esta cohorte representan un punto de inflexión para el sistema de pensiones español. Los primeros grandes escalones demográficos llegarán en torno a 2029 y 2040, coincidiendo con el retiro de los nacidos en 1965 y 1974, respectivamente.
El colapso de la natalidad: una transformación sin precedentes
Según un análisis publicado por Funcas, el verdadero punto de ruptura demográfica se produjo con las mujeres nacidas en las décadas de 1960 y 1970. Mientras las nacidas en 1940 tuvieron una media de 2,6 hijos, y las de 1950 alcanzaron 2,2 hijos, las generaciones posteriores experimentaron un desplome vertical. Las mujeres nacidas en 1960 tuvieron aproximadamente 1,8 hijos de media, cifra que cayó hasta 1,5 en la cohorte de 1970 y hasta 1,4 entre las nacidas alrededor de 1980. Este descenso intenso y concentrado en poco más de dos décadas sitúa a España entre los países europeos con menor fecundidad completada.
La explicación de este fenómeno radica en múltiples factores estructurales. Esta fue la primera generación en incorporarse masivamente al mercado laboral en un contexto donde ambos cónyuges aportaban ingresos al hogar. Muchas mujeres retrasaron la maternidad en busca de mayor estabilidad económica y profesional. Sin embargo, ese aplazamiento terminó traduciéndose en una reducción definitiva del tamaño de las familias. En España, la edad media para ser madre supera actualmente los 32 años, una de las más altas de Europa. El retraso no se compensa después con más nacimientos, sino que disminuye el margen biológico para ampliar la descendencia.
Del ‘sweet spot’ económico al desafío fiscal
Esta generación disfrutó de lo que en economía se denomina sweet spot demográfico: una ventana temporal en la que una proporción muy elevada de la población se encontraba en edad de trabajar, mientras las tasas de dependencia (niños y adultos mayores) se mantenían bajas. Todos producían y pocos dependían del sistema. Ahora, ese escenario se revierte a gran velocidad. Actualmente, en España hay 2,6 personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 65 años. Las proyecciones del INE estiman que en 2050 esa proporción caerá a 1,6 trabajadores por cada jubilado.
El gasto público relacionado con el envejecimiento (pensiones, sanidad y cuidados de larga duración) se disparará en las próximas décadas. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) calcula que, en un escenario sin cambios políticos, el gasto en pensiones pasará del 12,7% del PIB en 2022 al 16,1% en 2050. En la Unión Europea, la media proyectada para ese año es del 12,1%, evidenciando que España experimentará una presión fiscal superior a la de sus vecinos europeos.
Pensiones generosas y jubilación tardía: la tormenta perfecta
Dos factores agravan especialmente el escenario español. Por un lado, la mayor generosidad del sistema público de pensiones. Los trabajadores que se jubilan actualmente perciben pensiones equivalentes a cerca del 80% de su último salario, una tasa de sustitución entre las más altas del mundo desarrollado. Por otro lado, el baby boom español llegó casi una década más tarde que en el centro de Europa. Mientras países como Alemania o Italia ya han atravesado las fases más intensas de jubilaciones masivas, España apenas está empezando a enfrentarse al verdadero impacto.
Desde CaixaBank Research explican que la demografía es el principal determinante del incremento del gasto en pensiones. Se estima que la disminución de la relación entre personas en edad de trabajar y jubilados podría elevar el gasto en pensiones en más de ocho puntos porcentuales del PIB hasta 2050. Este aumento se vería parcialmente compensado por un incremento de la tasa de empleo, una caída en la tasa de beneficio (cociente entre pensión media y salario medio) y una menor ratio de elegibilidad, pero el desequilibrio seguirá siendo enorme.
Sanidad y cuidados: el otro frente olvidado
El gasto sanitario también experimentará un crecimiento notable. En un escenario sin reformas, se calcula que el gasto sanitario público en España aumentará 1,2 puntos del PIB hasta alcanzar el 8% en 2050, frente al 7,2% previsto en la Unión Europea. Además, el gasto en cuidados de larga duración crecería otros 0,6 puntos del PIB. Sumando pensiones, sanidad y cuidados, el gasto total relacionado con el envejecimiento pasaría del 20,3% del PIB en 2022 al 25,5% en 2050, un incremento de 5,2 puntos que duplica con creces el previsto en la Unión Europea (+1,5 puntos).
Profesores como Javier Díaz-Giménez, del IESE Business School, destacan que aunque el problema ya es visible hoy, los escalones más pronunciados llegarán cuando se jubilen masivamente los nacidos en 1964 y 1974. Estas dos oleadas, previstas para 2029 y 2040 aproximadamente, representan auténticos tsunamis fiscales para el sistema. En términos del gasto público primario, el gasto relacionado con el envejecimiento representaría en España el 56% del total en 2050, frente al 48% actual.
En clave: Por qué importa
El desafío demográfico que enfrenta España no es una anomalía pasajera, sino la consecuencia directa de decisiones individuales tomadas en un contexto económico y social concreto. La generación del baby boom español transformó radicalmente la estructura poblacional del país. Ahora, las finanzas públicas deberán adaptarse a una realidad en la que una vasta cohorte con pensiones elevadas será sostenida por generaciones mucho más reducidas en número. Aunque existen múltiples palancas de política económica para amortiguar el impacto (aumento de la edad de jubilación, incentivos a la natalidad, reformas fiscales, incremento de la inmigración cualificada), el margen de maniobra se estrecha conforme se acercan las grandes jubilaciones masivas. La sostenibilidad del Estado de Bienestar español dependerá de la capacidad de las instituciones para implementar reformas estructurales antes de que el peso del envejecimiento resulte insostenible.



