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Los gestores apuestan por la renta fija tras dos meses de conflicto en Irán: el mercado de bonos ofrece mejor ecuación riesgo-rentabilidad

Han transcurrido dos meses desde el estallido del conflicto bélico en Irán y, contra todo pronóstico, las bolsas mundiales han demostrado una sorprendente resistencia. Muchos índices permanecen cerca de sus máximos históricos después de tres años consecutivos al alza. Sin embargo, el verdadero impacto de esta crisis geopolítica se ha manifestado con fuerza en otro terreno: el mercado de renta fija. El temor a que los bancos centrales se vean obligados a elevar los tipos de interés para controlar una inflación impulsada por el encarecimiento de la energía ha provocado caídas significativas en los precios de los bonos y, en consecuencia, un repunte notable en sus rentabilidades. Es precisamente en este escenario donde los profesionales de la inversión están detectando las mejores oportunidades desde que comenzó el conflicto.

El mercado de deuda descuenta un escenario más adverso que la renta variable

La asimetría entre ambos activos resulta llamativa. Según Jaime Martínez, responsable de asignación de activos de BBVA, las mayores oportunidades se concentran actualmente en el universo de la renta fija, dado que el conflicto en Oriente Medio está modificando sustancialmente las expectativas de inflación y, por tanto, las políticas monetarias globales. El mercado ha dado un giro drástico: de anticipar tres recortes de tipos por parte de la Reserva Federal estadounidense, ahora contempla incluso ligeras subidas. En Europa, el cambio es igualmente dramático: de no prever movimientos, se ha pasado a descontar incrementos cercanos a un punto porcentual por parte del Banco Central Europeo.

Santiago Rubio, director de estrategia de inversión en CaixaBank AM, advierte que aunque los mercados juzgan la actuación de los bancos centrales con el recuerdo aún presente de 2022 —cuando los tipos subieron agresivamente tras la invasión de Ucrania—, las circunstancias actuales son radicalmente distintas. En aquel momento, explica, la subida del petróleo coincidió con ahorros abultados derivados de las transferencias públicas durante la pandemia y una fuerte demanda de gasto reprimido. Los tipos partían de niveles muy bajos, incluso negativos en Europa, y la política fiscal era expansiva. Hoy esos colchones no existen, por lo que el impacto negativo sobre el crecimiento económico puede pesar tanto como el riesgo inflacionario en las decisiones de política monetaria.

Rentabilidad atractiva con volatilidad contenida en deuda de alta calidad

Francisco Simón, responsable europeo de estrategia de asset allocation de Santander AM, defiende que el binomio rentabilidad-riesgo resulta ahora más favorable en los bonos. El repunte de los precios energéticos se ha reflejado casi de inmediato en las curvas de tipos, especialmente en los tramos cortos, que han ajustado al alza las expectativas inflacionarias. Sin embargo, el posible impacto negativo sobre el crecimiento aún no está plenamente incorporado en los precios. Simón considera que las rentabilidades tienen un recorrido limitado al alza desde los niveles actuales y que la asimetría es favorable: en caso de resolución rápida del conflicto, se produciría una caída de las rentabilidades ante la moderación inflacionista; si el conflicto se prolonga y afecta al crecimiento, el ajuste también vendría por menores rentabilidades, reflejando un entorno macroeconómico más débil.

Óscar del Diego, director técnico y de análisis en Ibercaja Gestión, observa que mientras la renta variable ha actuado con optimismo, como si la guerra fuese algo pasajero, el mercado de renta fija incorporó rápidamente en sus precios que el conflicto se alargaría y presionaría las inflaciones al alza por los costes energéticos y las disrupciones en las cadenas de suministro. Las bolsas, en cambio, han seguido el patrón de recuperación rápida desde mínimos que se observó tras episodios anteriores. En abril, sin un final claro a la guerra, la mayoría de índices bursátiles registran subidas.

Tramos cortos de deuda soberana y crédito corporativo de calidad: las apuestas preferidas

Entre las oportunidades concretas que los gestores identifican en renta fija, existe un amplio consenso: los tramos cortos de las curvas soberanas y el crédito corporativo de alta calidad. La gestora del Santander destaca ambos segmentos. En el caso de los tramos cortos, explica que ya han incorporado buena parte del riesgo inflacionista. En cuanto al crédito de alta calidad, apuntan a duraciones cortas y medias que permiten capturar niveles de rentabilidad atractivos con sensibilidad contenida tanto a movimientos de tipos como a posibles ampliaciones de diferenciales. En el actual entorno de incertidumbre, priorizan estrategias con rendimiento elevado y menor volatilidad, evitando los segmentos más convexos del crédito, como el high yield o emisiones de menor calidad, que serían los más vulnerables en un escenario de deterioro del crecimiento.

Alejandro Vidal, head investment manager de Deutsche Bank España, coincide en que este es un buen momento para incrementar la duración en las carteras, especialmente en bonos de los tesoros nacionales europeos, ya que las curvas han recogido un escenario de inflación a largo plazo que considera una proyección del corto plazo que no se materializará. Esto resulta especialmente interesante para inversores conservadores con exceso de liquidez, que tienen una excelente oportunidad para fijar tipos de interés atractivos a plazos medios capitalizando a través de fondos de inversión.

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, señala que activos como la deuda soberana española, italiana o francesa están cotizando en rentabilidades muy atractivas que pueden considerarse una oportunidad clara. Además, Jaime Martínez añade que, con perspectiva de medio y largo plazo, detectan oportunidades en deuda de países emergentes tras la corrección reciente, siendo selectivos en la elección de países y mostrando preferencia actual por los de América Latina.

En clave: Por qué importa

La divergencia entre el comportamiento de la renta variable y la renta fija ante el conflicto iraní revela dos lecturas distintas del mismo escenario. Mientras las bolsas mantienen una postura optimista, apostando por una resolución relativamente rápida, el mercado de bonos ha incorporado ya un escenario más adverso y duradero. Esta discrepancia genera una ventana de oportunidad para los inversores que buscan rentabilidades atractivas con menor volatilidad. Para el pequeño ahorrador con exceso de liquididad en depósitos o productos monetarios, el momento actual representa una ocasión para fijar rendimientos interesantes en productos de renta fija de calidad antes de que, eventualmente, las rentabilidades vuelvan a comprimirse cuando la incertidumbre geopolítica se disipe o los bancos centrales calibren nuevamente sus políticas. La clave reside en entender que, en contextos de alta incertidumbre inflacionaria pero con riesgos crecientes sobre el crecimiento económico, la renta fija de corto y medio plazo puede ofrecer una ecuación riesgo-rentabilidad más equilibrada que la renta variable.

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