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Los cuatro pilares fundamentales para construir carteras de inversión en la nueva era financiera

La construcción de carteras de inversión eficientes requiere apoyarse en cuatro elementos esenciales: una planificación rigurosa, la diversificación estratégica, una capacidad de selección afinada y un conocimiento profundo del mercado. Estas conclusiones surgieron del debate «Portfolio Builders: Construyendo carteras para una nueva era», desarrollado durante el II Funds Society Leaders Summit, donde diversos profesionales del sector analizaron los retos actuales de la gestión patrimonial.

El encuentro, moderado por Natalia Miralles, Portfolio Advisor de Wellington Management, contó con la participación de Raquel Blázquez (Directora de Inversiones de Banca Privada de Ibercaja), Marta Campello (Socio del Equipo de Gestión de Abante Asesores), Jaime Martínez (Global Head Asset Allocation de BBVA Asset Management) y Sila Piñeiro (Director de Deutsche Wealth Management). Todos ellos coincidieron en que el contexto actual exige una redefinición de las estrategias tradicionales sin abandonar los principios fundamentales de la inversión.

La incertidumbre como factor dominante en las decisiones de inversión

Marta Campello identificó la incertidumbre como la principal inquietud que trasladan los clientes en la actualidad. Esta preocupación trasciende los aspectos puramente financieros y abarca elementos como la geopolítica global y las presiones inflacionarias. La experta describió este sentimiento como un «nudo en el estómago» que los inversores deberán gestionar de manera casi constante en los próximos años.

Según Campello, los selectores deben mantener los fundamentos clásicos de la construcción de carteras, pero necesitan adaptarse continuamente a las nuevas circunstancias del mercado. La mayor variedad de instrumentos financieros disponibles incrementa la complejidad del proceso de selección, exigiendo comprender con precisión qué función desempeña cada activo, qué riesgos incorpora y cómo interactúa con el resto de componentes de la cartera. La planificación, que tradicionalmente ha sido importante, se convierte ahora en absolutamente indispensable dado que las necesidades patrimoniales evolucionan desde la fase inicial de acumulación hasta la preservación del poder adquisitivo.

Diversificación y gestión del miedo a perderse oportunidades

Jaime Martínez aportó una perspectiva diferenciada según el tipo de inversor. Los clientes institucionales concentran su atención en la diversificación efectiva y en el riesgo de que la renta fija pierda su función histórica como colchón protector ante caídas bursátiles. Por otro lado, los inversores particulares y de wealth management experimentan el fenómeno conocido como FOMO (fear of missing out), es decir, el temor a quedarse fuera de las fuertes revalorizaciones registradas por sectores específicos, especialmente aquellos vinculados a la inteligencia artificial.

El representante de BBVA Asset Management también abordó la integración de la inteligencia artificial en los procesos de gestión. Su entidad está avanzando en varias fases, comenzando por la optimización de procesos operativos y progresando hacia su utilización en la generación de ideas de inversión. Martínez estableció una distinción clara entre identificar una oportunidad, analizarla, tomar la decisión, ejecutarla y realizar el seguimiento posterior. La decisión final, enfatizó, debe permanecer en manos humanas, aunque la inteligencia artificial puede aportar un valor significativo en las etapas previas, especialmente en el análisis de datos y patrones. Respecto a los mercados privados, consideró su democratización como un cambio estructural, pero advirtió sobre la necesidad de una implementación prudente, destacando como desafíos principales la gestión de expectativas sobre liquidez y la integración de activos ilíquidos en carteras tradicionalmente líquidas.

Preservación patrimonial frente a la inflación

Sila Piñeiro dirigió su atención hacia una preocupación de horizonte temporal más amplio: la preservación del patrimonio y el mantenimiento del nivel de vida en un entorno inflacionario, sin alterar el perfil de riesgo que cada inversor está dispuesto a asumir. Para muchos clientes, el desafío fundamental no consiste únicamente en generar rentabilidad, sino en proteger su patrimonio frente a la erosión del poder adquisitivo causada por la inflación persistente.

Esta perspectiva sitúa la construcción de carteras en un marco donde las necesidades de conservación patrimonial deben coexistir con las condiciones inflacionarias y con los límites individuales de tolerancia al riesgo. La prioridad, según Piñeiro, radica en identificar soluciones que permitan sostener el nivel de vida sin superar el umbral de riesgo que cada cliente considera aceptable, equilibrando protección y crecimiento en un contexto económico complejo.

El debate entre gestión activa y pasiva

Raquel Blázquez defendió el papel que continúa desempeñando la gestión activa en las carteras, aunque subrayó la importancia de determinar en qué segmentos de mercado resulta justificable pagar el sobrecoste respecto a soluciones pasivas. En mercados altamente eficientes, líquidos y ampliamente seguidos por analistas, como el S&P 500, considera complicado justificar ese coste adicional. Sin embargo, en nichos como las pequeñas capitalizaciones o ciertos segmentos de renta fija, donde pueden existir mayores ineficiencias, identifica oportunidades más claras para que la gestión activa aporte valor diferencial.

La directora de Ibercaja destacó la relevancia de seleccionar equipos gestores que demuestren procesos sólidos, consistentes y disciplinados en su enfoque de inversión. Además, resaltó el papel de los alternativos líquidos como vehículos que contribuyen a la diversificación y descorrelación de las carteras, ofreciendo mayor facilidad de acceso para el inversor minorista en comparación con determinadas inversiones en mercados privados. Blázquez reconoció que la gestión pasiva representa una amenaza competitiva para la gestión activa, pero también funciona como un revulsivo que obliga a los gestores activos a demostrar su verdadero valor añadido. Asimismo, advirtió sobre los riesgos asociados a la concentración excesiva en ciertos índices y subrayó la necesidad de desarrollar una mayor labor pedagógica entre los inversores para que comprendan las implicaciones de sus decisiones.

En clave: Por qué importa

Este debate refleja la transformación profunda que atraviesa la industria de gestión de activos en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la inflación persistente y la democratización tecnológica de las inversiones. Los selectores de fondos enfrentan el desafío de combinar principios clásicos con herramientas innovadoras, desde la inteligencia artificial hasta los mercados privados, sin perder de vista el objetivo fundamental: preservar y hacer crecer el patrimonio de sus clientes según su perfil de riesgo. La tensión entre gestión activa y pasiva, la integración de activos alternativos y la educación del inversor se perfilan como los ejes sobre los que girará la construcción de carteras en los próximos años, exigiendo a los profesionales una adaptación constante sin abandonar el rigor analítico y la disciplina de inversión.

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