Jubilación

Las cotizaciones deberían subir hasta el 42% para financiar las pensiones sin ayudas del Estado

El sistema público de pensiones en España enfrenta un desafío financiero de magnitud histórica. Aunque las cotizaciones sociales constituyen su principal fuente de ingresos, desde hace años resultan insuficientes para cubrir el gasto total. El Estado se ve obligado a complementar las cuentas mediante transferencias presupuestarias que sostienen tanto las prestaciones contributivas como otros gastos asociados al régimen de jubilación.

Un ejercicio teórico elaborado por el Instituto BBVA de Pensiones plantea un escenario revelador: si desaparecieran las aportaciones estatales y las pensiones tuvieran que financiarse exclusivamente con las cotizaciones de trabajadores y empresas, el tipo de cotización por contingencias comunes debería elevarse desde el actual 28,3% hasta alcanzar aproximadamente el 42%. Esta cifra no incluye otras cotizaciones adicionales y evidencia la magnitud del desequilibrio entre ingresos y gastos del sistema.

Un déficit estructural equivalente al 1,91% del PIB

Según un documento publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) en enero de 2026, basado en datos de 2024 y 2025, el sistema presenta un déficit contributivo estructural equivalente al 1,91% del Producto Interior Bruto. Es decir, existe una diferencia de casi dos puntos del PIB entre los ingresos por cotizaciones y los gastos en pensiones contributivas.

Sin embargo, este desfase no representa el conjunto total de las necesidades financieras de la Seguridad Social. A él deben sumarse otras partidas que actualmente financia el Estado, como las pensiones no contributivas, los complementos para garantizar las pensiones mínimas o el régimen de clases pasivas. Cuando se incorporan estas partidas adicionales, las necesidades de financiación del sistema se aproximan al 4% del PIB, según las estimaciones utilizadas en el análisis.

Récord de ingresos que no alcanza para cubrir el gasto

Las cuentas de 2025 reflejan con claridad esta situación paradójica. Los ingresos por cotizaciones alcanzaron un máximo histórico de 176.918 millones de euros, un incremento del 6,9% respecto al año anterior. Sin embargo, el gasto en pensiones contributivas ascendió hasta los 182.526 millones de euros, un aumento del 5,7%, obligando a reforzar la financiación mediante transferencias públicas.

Estas aportaciones del Estado alcanzaron los 52.990 millones de euros en 2025, un 10,1% más que un año antes, consolidándose como una pieza estructural e insustituible del modelo de financiación del sistema. La tendencia al alza de estas transferencias se ha mantenido de forma constante durante los últimos años, evidenciando que el problema no es coyuntural sino estructural.

Envejecimiento demográfico y Factor de Equidad Actuarial

Detrás de este desequilibrio confluyen varios factores demográficos y económicos de gran calado. El principal es el envejecimiento de la población. El aumento de la esperanza de vida y la llegada progresiva a la jubilación de la generación del baby boom incrementan el número de pensionistas mientras disminuye la proporción de trabajadores en activo que sostienen el sistema mediante sus cotizaciones. A esto se suma la persistente baja natalidad registrada durante las últimas décadas, que reducirá aún más el número de cotizantes en el futuro.

El informe también destaca el denominado Factor de Equidad Actuarial, un indicador que compara las cotizaciones realizadas durante la vida laboral con las prestaciones que posteriormente se reciben. Según el Instituto de Actuarios Españoles, ese factor se sitúa actualmente en 1,62, lo que significa que, en promedio, los pensionistas perciben un 62% más de lo que aportaron mediante cotizaciones a lo largo de su carrera profesional. Para alcanzar un equilibrio actuarial perfecto sería necesario que la economía española creciera de forma sostenida un 3,2% anual, un escenario muy alejado de las previsiones actuales y de la realidad económica del país.

Impacto sobre empresas, trabajadores y autónomos

Un aumento de cotizaciones hasta el 42% tendría consecuencias relevantes y profundas sobre el mercado laboral español. Una parte del incremento recaería sobre las empresas, elevando los costes laborales y reduciendo potencialmente su competitividad en los mercados internacionales. Otra parte correspondería a los trabajadores asalariados, que verían disminuir su salario disponible como consecuencia del aumento de las cotizaciones, afectando directamente a su capacidad de consumo y ahorro.

El impacto sería aún más significativo para los trabajadores autónomos. Además de afrontar una eventual subida de los tipos de cotización, deberían continuar adaptándose al nuevo sistema basado en ingresos reales, que prevé un incremento progresivo de las bases mínimas hasta aproximarlas a los rendimientos netos efectivos. Para muchos profesionales por cuenta propia, especialmente aquellos que todavía cotizan por bases reducidas dentro de los periodos transitorios previstos hasta 2032, el esfuerzo sería doble: mayores porcentajes de cotización y bases de cálculo más elevadas. Según el ejercicio teórico, esa combinación provocaría que el incremento de la carga contributiva fuera proporcionalmente superior al soportado por los trabajadores asalariados.

Las reformas vigentes resultan insuficientes

Las reformas aprobadas en 2021 y 2023 introdujeron el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), una cotización adicional destinada a reforzar el Fondo de Reserva de la Seguridad Social con el objetivo de afrontar el incremento del gasto derivado de las jubilaciones del baby boom. Este recargo alcanzará el 1,2% en 2029 y no genera derechos adicionales para quienes lo pagan, siendo su finalidad exclusivamente aportar recursos extraordinarios al sistema.

La legislación incorpora además una cláusula de revisión que obligará a adoptar nuevas medidas si las previsiones de gasto en pensiones para 2050 superan los niveles estimados por la Comisión Europea. En ese supuesto podrían aprobarse nuevas subidas de cotizaciones, buscarse otras fuentes de ingresos o adoptarse medidas para contener el gasto. Pese a ello, distintos organismos consideran que el incremento de ingresos derivado del MEI resulta insuficiente para cerrar la brecha financiera existente.

En clave: Por qué importa

Las previsiones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) apuntan a que las necesidades de financiación volverán a aumentar a partir de la próxima década como consecuencia del envejecimiento de la población y del crecimiento del gasto en pensiones, que podría alcanzar el 16,4% del PIB en 2050. Este ejercicio teórico evidencia que el sistema actual de pensiones no es sostenible sin transferencias estatales masivas o sin reformas profundas que afecten a cotizaciones, prestaciones o edad de jubilación. El debate sobre la viabilidad del Estado de bienestar en su configuración actual está servido, y las decisiones que se tomen en los próximos años determinarán si las generaciones futuras podrán contar con un sistema público de pensiones robusto o si deberán recurrir mayoritariamente al ahorro privado para garantizar su jubilación.

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