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La revolución silenciosa de los ETFs: cuando la gestión pasiva se convierte en activa

Durante años, los ETFs (fondos cotizados en bolsa) fueron considerados el vehículo por excelencia de la inversión pasiva: instrumentos diseñados para replicar fielmente un índice de mercado con costes reducidos. Sin embargo, esa era está llegando a su fin. La industria global está presenciando una metamorfosis profunda en la que estos productos se están convirtiendo en plataformas sofisticadas para capturar rendimientos superiores al mercado, reducir concentraciones de riesgo y explorar nuevas fuentes de retorno.

Este fenómeno ha adquirido dimensiones imposibles de ignorar. Según datos de ETFGI, los activos bajo gestión en ETFs de estrategia activa alcanzaron un récord histórico de 2,49 billones de dólares al cierre de mayo de 2026, experimentando un crecimiento del 28,8% desde enero. Durante los primeros cinco meses del año, estos productos atrajeron 411.750 millones de dólares en flujos netos, prácticamente el doble de los 220.530 millones captados durante todo 2025. La magnitud del cambio resulta evidente cuando se observa el panorama completo: la industria global de ETFs administraba 23,08 billones de dólares en mayo, con entradas netas de 1,07 billones en apenas cinco meses.

El debate sobre esta transformación adquirió protagonismo durante el Seminario Internacional FIAP-WPA 2026, celebrado en San José, Costa Rica. En un panel titulado «Navegando la volatilidad: claves para capturar retornos», expertos de primer nivel como Craig Woodmansee, especialista de producto y vicepresidente de distribución de First Trust, y Gonzalo Rengifo, responsable de Iberia y Latinoamérica de Pictet Asset Management, analizaron las implicaciones de este nuevo paradigma bajo la moderación de Ángel Martínez-Aldama, presidente de Inverco. El encuentro reunió a especialistas de la industria previsional y de inversiones de múltiples países.

Indexación mejorada: el puente entre dos mundos

Para comprender la magnitud del cambio, es necesario entender qué significa exactamente la indexación mejorada, concepto que está redefiniendo la frontera entre gestión pasiva y activa. Rengifo explicó durante el panel que esta estrategia permite mantener la exposición al mercado (la beta) característica de un enfoque pasivo, pero incorporando al mismo tiempo técnicas que buscan generar un exceso de retorno después de costes. La diferencia fundamental radica en que ese rendimiento adicional no depende necesariamente de los factores tradicionales empleados por las estrategias de inversión convencionales.

Este planteamiento cuestiona una de las premisas históricas del mercado de ETFs: la idea de que replicar un índice equivale automáticamente a aceptar el retorno del mercado menos los gastos operativos. Los datos de Morningstar confirman que esa ecuación ha dejado de ser válida. Durante los últimos seis años, aproximadamente 1.800 nuevos ETFs activos llegaron al mercado estadounidense, y solo en 2025 se lanzaron alrededor de 1.000, lo que representa el 35% de los cerca de 2.800 ETFs activos domiciliados en Estados Unidos.

La tendencia no responde únicamente a una cuestión de innovación financiera. También refleja una batalla estratégica de la industria de gestión de activos por encontrar nuevas formas de distribuir estrategias de inversión y captar flujos de capital en un entorno cada vez más competitivo. Las gestoras están aprovechando la eficiencia operativa, la transparencia y la liquidez de los ETFs para vehiculizar estrategias que antes solo se ofrecían a través de fondos de inversión tradicionales.

El ETF no crea alfa por arte de magia

Una de las advertencias más contundentes del seminario provino de Woodmansee, quien introdujo una precisión fundamental para los inversores institucionales: un ETF no es, por sí mismo, una fuente de rendimientos superiores. Un gestor que obtiene determinado resultado con un fondo de inversión tradicional no va a mejorar automáticamente su desempeño simplemente por transformar esa estrategia en un ETF. El vehículo modifica la forma en que se distribuye, negocia y estructura la inversión, pero no genera por sí solo una ventaja competitiva en términos de rentabilidad.

El verdadero desafío, según el representante de First Trust, consiste en comprender con precisión qué activos subyacentes contiene cada producto. Y aquí emerge una de las trampas más peligrosas para los inversores: un índice puede tener una etiqueta comercial que no refleja necesariamente la exposición económica real que un inversor cree estar comprando. Woodmansee ilustró este punto con un ejemplo revelador del mercado estadounidense: algunos ETFs etiquetados como «value» (valor) terminan teniendo entre sus principales componentes, después de los rebalanceos periódicos, compañías como Apple, Amazon y Tesla.

Los datos actuales de S&P Dow Jones Indices confirman que esta observación no es anecdótica. Al cierre de junio de 2026, el S&P 500 Value Uncapped incluía entre sus principales posiciones a Apple, Amazon y Tesla. Este índice se construye clasificando compañías del S&P 500 como «valor» mediante ratios de valor contable, ganancias y ventas respecto al precio, con rebalanceos anuales en diciembre y revisiones trimestrales. Para un inversor que busca exposición pura a compañías de valoración baja, esta composición puede resultar sorprendente y alejada de sus expectativas originales.

Concentración y diversificación: la paradoja de los índices modernos

El debate sobre ETFs activos adquiere especial relevancia en el contexto actual de concentración extrema en los mercados desarrollados, particularmente en Estados Unidos. Las grandes compañías tecnológicas han llegado a dominar de tal manera los índices principales que la diversificación se ha convertido en uno de los desafíos centrales para los gestores profesionales. Los datos ilustran claramente este fenómeno: al cierre de junio de 2026, el sector tecnológico representaba el 52,3% del S&P 500 Growth, mientras que sus diez mayores posiciones incluían gigantes como Nvidia, Microsoft, Apple, Alphabet, Broadcom, Amazon y Meta.

Esta realidad transforma la discusión sobre ETFs activos en algo mucho más profundo que una simple competencia entre productos pasivos y activos. Se trata de una reflexión sobre cómo evitar que una cartera aparentemente diversificada termine excesivamente expuesta a los mismos factores de riesgo de mercado. Las estrategias activas ofrecen la posibilidad de hacer algo distinto a simplemente replicar la capitalización bursátil: pueden modificar ponderaciones, excluir determinadas compañías, introducir criterios de calidad o valoración, gestionar riesgos activamente y, en determinados casos, intentar generar rendimientos superiores al índice de referencia.

El respaldo del mercado a esta transición resulta evidente. Según ETFGI, los ETFs activos acumularon en mayo su 74º mes consecutivo de entradas netas de capital, una racha que demuestra la confianza sostenida de los inversores en estas estrategias.

Implicaciones para los fondos de pensiones latinoamericanos

Para los fondos de pensiones de América Latina, especialmente las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs) chilenas, estas transformaciones tienen implicaciones directas y profundas. Estos inversores institucionales buscan constantemente combinar eficiencia de costes, liquidez, diversificación geográfica y sectorial, y capacidad de generar retornos adicionales en un entorno de mercados cada vez más complejo e interconectado. La evolución de los ETFs hacia estrategias activas ofrece nuevas herramientas, pero también introduce nuevos riesgos que deben ser evaluados cuidadosamente.

La advertencia de Woodmansee cobra especial relevancia en este contexto: comprar un ETF no significa automáticamente comprar diversificación, ni un producto etiquetado como «value» garantiza una exposición genuina a compañías de valoración baja. La composición de los activos subyacentes, la metodología del índice, sus reglas de rebalanceo y la concentración resultante pueden modificar sustancialmente el perfil de riesgo que finalmente se incorpora a una cartera de largo plazo destinada a financiar las jubilaciones de millones de personas.

Pictet Asset Management, por su parte, mantiene actualmente una visión constructiva sobre la renta variable emergente. La firma destaca que la evolución de las economías en desarrollo a lo largo de la cadena de valor global, junto con una menor dependencia del dólar estadounidense y una mejora de los fundamentales macroeconómicos, refuerza los argumentos para invertir en estos mercados. Esta perspectiva resulta particularmente relevante para los fondos de pensiones latinoamericanos, que buscan oportunidades de diversificación más allá de los mercados desarrollados tradicionales.

En clave: Por qué importa

La transformación de los ETFs de vehículos puramente pasivos a plataformas de gestión activa representa uno de los cambios estructurales más significativos en la industria de gestión de activos de las últimas décadas. Con más de 2,49 billones de dólares ya gestionados mediante estrategias activas dentro de estructuras de fondos cotizados, y flujos de capital que baten récords mes tras mes, este fenómeno ha dejado de ser una tendencia emergente para convertirse en una realidad consolidada del mercado.

Para los inversores institucionales, particularmente los fondos de pensiones que gestionan los ahorros de largo plazo de millones de trabajadores, la lección fundamental es clara: la etiqueta de un producto no define necesariamente su contenido ni su comportamiento. La debida diligencia se ha vuelto más crítica que nunca. Comprender qué activos subyacentes componen realmente un ETF, cómo se construye y rebalancea el índice que replica o mejora, y qué exposiciones de riesgo incorpora efectivamente a la cartera, son tareas indispensables antes de tomar cualquier decisión de asignación.

El mensaje que cerró el panel del seminario FIAP, recuperado por el moderador Ángel Martínez-Aldama, resume perfectamente el desafío actual: no comprar lo que no se conoce. En un mercado global donde los ETFs administran decenas de billones de dólares y donde la gestión activa gana terreno dentro de la estructura que durante décadas se identificó exclusivamente con la inversión pasiva, esta recomendación deja de ser un consejo básico de educación financiera para convertirse en una regla fundamental de gestión institucional profesional.

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