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La rentabilidad del bono español escala por encima del 4% y alcanza máximos de casi doce años

La deuda pública española ha superado un umbral psicológico clave. La rentabilidad del bono a diez años ha traspasado la barrera del 4%, llegando a tocar el 4,006%, una cota que no se alcanzaba desde octubre de 2023. En aquel momento, el interés llegó a situarse en el 4,066% en plena turbulencia de los mercados de renta fija. Si la deuda española supera definitivamente ese nivel máximo del año pasado, estaremos ante el interés más elevado que los inversores exigen a España desde 2014, hace más de una década.

Este movimiento alcista no es un fenómeno aislado. Se enmarca dentro de una oleada vendedora que está sacudiendo los mercados de deuda soberana a nivel mundial. Los factores detrás de esta presión son múltiples: el petróleo ha vuelto a cotizar por encima de los 100 dólares por barril, la inflación se muestra resistente a descender y las expectativas de nuevas subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales ganan terreno. Todo ello se ha intensificado en las últimas jornadas ante el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, que amenaza con afectar al suministro energético global.

La inflación estadounidense refuerza el endurecimiento monetario

El pasado viernes, los datos de inflación de Estados Unidos volvieron a encender las alarmas en los mercados. El Índice de Precios al Consumo (IPC) se mantuvo en el 3,4% interanual en agosto, igual que en julio, con una lectura intermensual del 0,4%, conforme a lo esperado. El IPC subyacente, que excluye alimentos y energía, se desaceleró levemente una décima hasta el 2,4% interanual, también en línea con las previsiones. Sin embargo, la sorpresa llegó con la tasa intermensual del IPC subyacente, que registró un 0,3%, una décima por encima de lo pronosticado.

Esta cifra inesperada reforzó entre los inversores la convicción de que la Reserva Federal tendrá que volver a endurecer su política monetaria en la reunión de este miércoles. El mercado llegó a asignar cerca del 90% de probabilidad a una nueva subida de tipos de 25 puntos básicos, frente al 70% previo a la publicación del dato. Las expectativas de tipos más altos ejercen una presión directa sobre los bonos, ya que los inversores exigen una mayor rentabilidad para compensar el coste de oportunidad y el riesgo inflacionario.

El contagio global y el efecto del petróleo

El cambio en las expectativas sobre la política monetaria estadounidense se trasladó de inmediato a los mercados de deuda. El Treasury estadounidense a diez años rozó el 5%, un nivel de referencia que arrastró consigo a los bonos europeos y desató una ola de ventas generalizada. Paolo Zanghieri, economista senior de Generali Investments, advierte que el margen para decepciones es amplio de cara a la reunión de la Fed. Según su análisis, cualquier mensaje ambiguo o excesivamente cauteloso podría agravar la pérdida de credibilidad de los bonos del Tesoro, mientras que una advertencia contundente sobre la inflación impulsaría aún más los rendimientos a corto plazo.

A la incertidumbre monetaria se ha sumado este lunes un nuevo golpe: el petróleo Brent ha vuelto a superar los 108 dólares por barril. El aplazamiento de la reunión entre países del Golfo e Irán para gestionar el tráfico por el estrecho de Ormuz, junto con el cierre del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí tras un ataque con drones, ha disparado los precios del crudo. El Brent llegó a avanzar más de un 3% en la sesión, consolidando su escalada por encima de los 100 dólares iniciada la semana pasada.

Para los bonos, un petróleo más caro significa una cosa: mayor riesgo inflacionario. Si el encarecimiento de la energía se traslada al resto de precios de la economía, los bancos centrales tendrán menos margen para relajar su política monetaria e incluso podrían verse obligados a endurecerla todavía más. Esa posibilidad es precisamente la que está recogiendo ahora el mercado de renta fija.

Europa bajo presión: Francia y Alemania también sufren

España no está sola en este movimiento. Las ventas están recorriendo prácticamente todos los grandes mercados de deuda pública, llevando las rentabilidades a niveles que no se veían desde la crisis financiera. La deuda francesa a diez años ha alcanzado el 4,5%, su nivel más alto desde 2008. En el caso francés, además del contexto global, la presión se ve agravada por el deterioro de sus cuentas públicas y la persistente incertidumbre política. Alemania, cuyo bund a diez años es considerado el activo libre de riesgo de la zona euro, tampoco escapa a las ventas: su rentabilidad se mueve en torno al 3,5%, cotas no vistas desde 2009.

El 5% del bono americano: ¿una amenaza para la bolsa?

Al otro lado del Atlántico, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años vuelve a coquetear con el 5%, una barrera que no rebasaba desde 2007. En Estados Unidos, la inflación y las expectativas sobre los tipos de la Reserva Federal son solo una parte de la historia. A ellas se suma una preocupación cada vez mayor por la trayectoria de las cuentas públicas del país y, en particular, por su capacidad para reconducir unos déficits cada vez más abultados. Con la credibilidad fiscal de EEUU en entredicho, el mercado empieza a reclamar una prima mayor para prestarle dinero a largo plazo ante la falta de una senda clara de consolidación fiscal.

El 5% no es una cifra cualquiera para el mercado. Es el nivel a partir del cual los inversores temen que la presión de los bonos termine trasladándose con mayor intensidad a la renta variable. Grace Peters, directora global de estrategia de inversión de JP Morgan Private Bank, ha advertido que si los rendimientos se acercan al 5% o al 5,25%, ahí es donde se produciría cierta agitación en el mercado de valores. La razón es doble: por un lado, una deuda pública que paga cerca del 5% se convierte en una alternativa cada vez más atractiva frente a la bolsa; por otro, unos tipos de mercado más elevados aumentan la tasa con la que los inversores descuentan los beneficios futuros de las compañías, lo que presiona sus valoraciones.

En clave: Por qué importa

El salto de la rentabilidad del bono español por encima del 4% es un termómetro del nerviosismo global en los mercados de renta fija. Este movimiento, lejos de ser un caso aislado, refleja una combinación explosiva de factores: inflación persistente, encarecimiento del petróleo y expectativas de tipos de interés más altos durante más tiempo. Para los ahorradores y los inversores, esto implica un cambio de paradigma. La deuda pública vuelve a ofrecer rentabilidades atractivas, pero también conlleva un mayor riesgo de volatilidad. Para las empresas y los Estados, el encarecimiento de la financiación puede limitar su capacidad de inversión y agravar los desequilibrios fiscales. En definitiva, lo que sucede en el mercado de bonos no se queda en el mercado de bonos: afecta a la economía real, al coste de la financiación hipotecaria, a las pensiones y a la rentabilidad esperada de las carteras de inversión.

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