Tras la resiliencia de 2025, el sector financiero se apoya en la innovación tecnológica y el análisis profundo para identificar oportunidades en un entorno de tipos a la baja.
La economía global ha logrado esquivar los pronósticos más pesimistas. Tras un 2025 marcado por una resistencia inesperada y un repunte generalizado de los mercados, el escenario para 2026 se presenta con un optimismo moderado pero firme. Según el análisis de Columbia Threadneedle, las claves de este ciclo expansivo residen en tres pilares: la inflación bajo control, el inicio de los recortes en los tipos de interés y el impacto disruptivo de la Inteligencia Artificial (IA).
Sin embargo, el camino no está libre de baches. La vigilancia ante riesgos geopolíticos y giros macroeconómicos inesperados ha devuelto el protagonismo a la gestión activa. En un mercado cada vez más fragmentado, la capacidad de los gestores para adaptarse y diferenciarse es hoy más vital que nunca.
El nuevo tablero: ETFs activos y personalización
El panorama de la inversión está sufriendo una metamorfosis acelerada. Aunque los fondos tradicionales siguen siendo el núcleo de los planes de jubilación, los ETFs activos, las carteras modelo y el acceso democratizado a productos alternativos están ganando terreno. Esta evolución no solo ofrece mayor flexibilidad, sino que también presiona a la baja las comisiones, obligando a las gestoras a buscar una eficiencia operativa sin precedentes.
La carrera por el talento y la consolidación de firmas en mercados bajistas definen un sector donde la innovación tecnológica ya no es una opción, sino un requisito de supervivencia.
La IA: De la eficiencia interna a la rentabilidad externa
Para Columbia Threadneedle, la IA es una moneda con dos caras. Por un lado, es el motor de su propia transformación operativa, optimizando desde el análisis de datos hasta la generación de informes para clientes. Por otro, se consolida como el tema de inversión estrella de 2026.
A diferencia del entusiasmo ciego de años anteriores, las empresas ahora centran su gasto en IA con objetivos tangibles: reducir costes y disparar la productividad. Aunque la rentabilidad a largo plazo (mirando ya hacia 2027) genera ciertos interrogantes, la capacidad de identificar qué compañías están aplicando esta tecnología de forma inteligente es lo que permite generar alfa en un entorno donde la inversión pasiva a veces pasa por alto valoraciones incorrectas.
En Clave: Por qué importa
El retorno de la gestión activa en 2026 no es una moda, sino una respuesta a la complejidad. Mientras los índices pasivos compran «todo el mercado», el análisis riguroso permite separar el ruido de las oportunidades reales en activos alternativos y tecnología. En un mundo donde la confianza puede quebrarse por una sorpresa inflacionista o una crisis de crédito, la prudencia y el análisis basado en datos son las únicas herramientas capaces de transformar la volatilidad en beneficios sostenibles.



