Han transcurrido más de dos años desde que el Gobierno español cerró un histórico pacto con organizaciones empresariales y sindicales para permitir que los trabajadores de los sectores con mayor penosidad, accidentes laborales y muertes pudieran adelantar su jubilación. Sin embargo, a punto de concluir la legislatura, ningún colectivo ha conseguido acceder a este mecanismo. Las solicitudes que afectan a aproximadamente dos millones de empleados permanecen sin resolver, generando frustración entre los agentes sociales que negociaron el acuerdo.
El retraso es especialmente llamativo en sectores como el transporte por carretera y la construcción, actividades que lideran las estadísticas de mortalidad laboral en España. A pesar de que algunas peticiones cuentan con el respaldo conjunto de sindicatos y patronales, la Seguridad Social no ha emitido una sola resolución definitiva. Los plazos establecidos por el propio Ejecutivo se han incumplido sistemáticamente, sin que el ministerio ofrezca explicaciones claras sobre los motivos de la demora.
El procedimiento diseñado y sus requisitos
El decreto que regula este proceso fue aprobado por el Consejo de Ministros en mayo de 2025. Según la normativa, las organizaciones sindicales y empresariales más representativas de cada sector pueden solicitar a la Seguridad Social que evalúe si los índices de bajas laborales y siniestralidad justifican el adelanto de la edad de jubilación en determinadas actividades. El mecanismo también contempla la posibilidad de que el Gobierno inicie el procedimiento por su cuenta si considera que existen razones suficientes, incluso sin apoyo patronal, evitando así el veto empresarial.
Una vez presentada la solicitud, la Seguridad Social debe elaborar varios informes técnicos que posteriormente son trasladados a una comisión de evaluación. Esta comisión emite una recomendación y el ministerio toma la decisión final. Si se aprueban los coeficientes reductores (nombre técnico de la herramienta), las empresas del sector deberán asumir una sobrecotización destinada a compensar el impacto financiero del anticipo en las arcas públicas. En teoría, este diseño evita que la medida suponga un coste neto para el sistema de pensiones.
Construcción y transporte: sectores prioritarios en espera
El sector de la construcción, que registró 164 muertes laborales durante la jornada de trabajo en 2025, fue el primero en solicitar esta vía de jubilación anticipada. Los sindicatos CC OO y UGT presentaron su petición en julio de 2025, apenas dos meses después de la aprobación del decreto. Aunque inicialmente se hablaba de beneficiar a cerca de un millón de trabajadores, las centrales reconocen ahora que la cifra será inferior, concentrándose en actividades especialmente peligrosas como trabajos en altura, conservación de carreteras o labores subacuáticas.
Por su parte, el transporte por carretera, con 93 fallecidos en accidente laboral el año pasado, presentó su solicitud en otoño de 2025. A diferencia de otros casos, este expediente cuenta con el respaldo explícito de las principales patronales del sector: CETM para el transporte de mercancías y Confebus para el de viajeros. Este apoyo empresarial surgió como parte de un compromiso para desactivar una huelga que amenazaba con paralizar el sector. En total, unas 570.000 personas trabajan en el transporte de mercancías y pasajeros en España.
A pesar de contar con informes técnicos elaborados y del respaldo empresarial, estos expedientes llevan más de un año estancados, muy por encima de los seis meses que el Gobierno fijó como plazo máximo de resolución. Los responsables sindicales del área de transportes han advertido que tomarán las calles si no se retoma el proceso, y las patronales del sector también han expresado su malestar por el incumplimiento de los plazos acordados.
Más sectores se suman a la reivindicación
Tras las solicitudes pioneras de construcción y transporte, otros colectivos han presentado sus peticiones para acogerse a la jubilación anticipada. En abril de 2026, la asociación de autónomos UPTA, vinculada a UGT, solicitó coeficientes reductores para los taxistas, un colectivo que suma alrededor de 50.000 profesionales. En julio del mismo año, UGT registró una petición para 150.000 camareras de piso, las trabajadoras que realizan la limpieza en hoteles, un sector altamente feminizado y con altos índices de lesiones musculoesqueléticas.
Ya en otoño de 2026, los sindicatos presentaron dos nuevas solicitudes: una para 161.000 empleadas de ayuda a domicilio y otra para 14.000 trabajadores del handling aeroportuario, el personal que manipula equipajes y realiza otras tareas de asistencia en tierra en los aeropuertos. Todas estas peticiones carecen del respaldo de las patronales sectoriales, pero los sindicatos confían en que el procedimiento permita avanzar sin ese apoyo empresarial, tal como establece el decreto.
Los responsables sindicales critican que algunas de estas solicitudes se hayan utilizado con fines electoralistas internos, adelantándose a la coordinación habitual entre centrales. También lamentan que las organizaciones empresariales se opongan a estas medidas basándose exclusivamente en el sobrecoste que supondría la sobrecotización, sin valorar los beneficios en términos de salud laboral y protección de los trabajadores.
La postura del Gobierno y las cuentas de la Seguridad Social
Desde el Ministerio de Seguridad Social han afrontado todo este proceso con extrema cautela. Los técnicos del departamento insisten en que solo se concederán coeficientes a los colectivos que demuestren niveles de penosidad suficientemente elevados y en los que no sea posible aplicar medidas correctoras que reduzcan el riesgo. Esta prudencia se enmarca en un contexto de creciente tensión para las cuentas públicas de pensiones, con prestaciones cada vez más elevadas debido a la mejora de los salarios de las nuevas cohortes de jubilados y al envejecimiento de la generación del baby boom.
Sin embargo, el diseño teórico del sistema establece que la sobrecotización empresarial debe compensar el gasto adicional que supone adelantar la jubilación, por lo que el impacto neto en las finanzas públicas debería ser neutro. Los sindicatos sospechan que el Gobierno ha tomado la decisión política de no aprobar ningún expediente antes de las elecciones, pese a no existir impedimentos técnicos ni legales para hacerlo. Los responsables de CC OO y UGT consideran incomprensible esta falta de impulso político en una medida que beneficiaría a cientos de miles de trabajadores expuestos a condiciones laborales extremas.
En clave: Por qué importa
El bloqueo de las jubilaciones anticipadas en sectores de alta siniestralidad evidencia las dificultades del Gobierno para materializar acuerdos sociales en políticas efectivas. Este es el único gran pacto del diálogo social alcanzado en la presente legislatura, y su incumplimiento erosiona la confianza de sindicatos y patronales en la capacidad del Ejecutivo para honrar sus compromisos. La situación afecta especialmente a trabajadores de sectores como la construcción y el transporte, donde las tasas de mortalidad laboral duplican o triplican la media nacional.
El retraso también pone de manifiesto las tensiones entre la sostenibilidad financiera del sistema de pensiones y la protección de la salud laboral. Aunque el diseño técnico del mecanismo prevé la neutralidad presupuestaria mediante sobrecotizaciones empresariales, el Gobierno parece reacio a dar el paso definitivo en un contexto de creciente presión sobre las cuentas de la Seguridad Social. La falta de resolución antes de las elecciones deja en el aire el futuro de una medida que podría mejorar significativamente las condiciones de vida de millones de trabajadores españoles expuestos a empleos físicamente devastadores.



