El sistema público de pensiones en España ha registrado una nueva cifra récord en el mes de abril de 2026, con un desembolso total que ascendió a 14.336,2 millones de euros destinados al pago de prestaciones contributivas. Este dato, publicado por la Seguridad Social, evidencia la tendencia al alza del gasto en protección social y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad futura del modelo actual.
Del total de la nómina mensual, la mayor partida corresponde a las pensiones de jubilación, que representan el 73,2% del gasto, con un importe de 10.499,2 millones de euros repartidos entre 6,7 millones de beneficiarios. Le siguen las pensiones de viudedad, que alcanzaron los 2.281,9 millones para 2,3 millones de perceptores, y las prestaciones por incapacidad permanente, con 1.331,6 millones destinados a 1,1 millones de personas. Las pensiones de orfandad y en favor de familiares completaron el desglose con 185 millones y 38,4 millones respectivamente.
Aumentos generalizados en las cuantías medias
La pensión media del sistema se situó en 1.368,4 euros mensuales, lo que supone un incremento interanual del 4,5%. Esta cifra engloba todas las modalidades de prestación, desde jubilación hasta orfandad. Si se analiza específicamente el colectivo de jubilados, que representa más de dos tercios del total de pensionistas, la cuantía media alcanzó los 1.569,7 euros al mes, con un crecimiento del 4,4% respecto al mismo periodo del año anterior.
Estas subidas responden principalmente a la revalorización automática de las pensiones en función del Índice de Precios al Consumo (IPC), una medida implementada para proteger el poder adquisitivo de los pensionistas frente a la inflación. Sin embargo, el incremento del gasto también refleja el aumento del número de beneficiarios y la mejora de las bases reguladoras de las nuevas altas, consecuencia de carreras profesionales más largas y mejor cotizadas.
Desigualdad persistente entre regímenes laborales
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es la brecha de 671 euros que separa la pensión media de jubilación entre trabajadores del Régimen General y los del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Mientras que un asalariado jubilado percibe de media 1.729,6 euros mensuales, un autónomo retirado recibe únicamente 1.058,5 euros.
Esta diferencia tan marcada se explica por las históricamente menores bases de cotización del colectivo autónomo, muchos de los cuales optaron durante décadas por cotizar por la base mínima para reducir gastos. Aunque las reformas recientes han intentado equiparar las cotizaciones a los ingresos reales, las generaciones que ahora se jubilan arrastran carreras de cotización insuficientes que se traducen en pensiones significativamente inferiores. Por su parte, la pensión media de viudedad se estableció en 973,9 euros al mes.
Más jubilaciones demoradas y edad de retiro en aumento
Los datos del primer trimestre de 2026 revelan un cambio en el comportamiento de los futuros pensionistas. De las 96.612 nuevas altas en jubilación registradas, el 12,7% correspondieron a jubilaciones voluntariamente demoradas, dos puntos porcentuales más que al cierre de 2025 y ocho puntos por encima de las cifras de 2019. Este fenómeno responde a los incentivos económicos introducidos en 2022, que premian con incrementos en la cuantía de la pensión a quienes deciden prolongar su vida laboral más allá de la edad ordinaria de jubilación.
Como consecuencia de este retraso voluntario y de la menor tendencia a anticipar el retiro, la edad media de acceso a la jubilación ha subido hasta los 65,2 años, frente a los 64,4 años de 2019. Además, el 66,1% de los nuevos jubilados accedieron con la edad ordinaria establecida legalmente. Este cambio demográfico y conductual tiene implicaciones positivas para la sostenibilidad del sistema, al reducir el número de años que el Estado debe financiar cada pensión individual.
En clave: Por qué importa
El récord mensual de gasto en pensiones no es un dato aislado, sino la manifestación de un desafío estructural que España comparte con otras economías avanzadas: el envejecimiento poblacional combinado con tasas de natalidad bajas. El aumento sostenido del número de pensionistas y de las cuantías medias presiona las arcas públicas y exige reformas que equilibren la protección social con la viabilidad financiera a largo plazo. La persistente desigualdad entre asalariados y autónomos subraya la necesidad de continuar adaptando el sistema para garantizar pensiones dignas a todos los trabajadores, independientemente de su régimen laboral. Asimismo, el incremento de las jubilaciones demoradas sugiere que los incentivos económicos pueden influir en las decisiones de retiro, ofreciendo una herramienta para aliviar parcialmente la carga del sistema sin recortar derechos adquiridos.



