La reforma del sistema de seguridad social introduce cambios drásticos en el cálculo de las prestaciones que penalizan las nuevas jubilaciones.
A partir de 2026, el sistema público de pensiones en España entra en una nueva etapa. Sí, las reformas aprobadas en los últimos años comienzan a aplicarse de forma efectiva en el cálculo de la pensión inicial, afectando directamente a quienes se jubilen desde ese momento. El mensaje es claro: la primera pensión será, en muchos casos, más baja que la de generaciones anteriores con trayectorias laborales similares.
Este cambio no supone un recorte de las pensiones ya reconocidas ni de las que están actualmente en pago. El impacto se concentra exclusivamente en los nuevos pensionistas, es decir, en quienes accedan al sistema a partir de 2026. El objetivo de estas medidas es mejorar la sostenibilidad financiera del sistema en un contexto de envejecimiento poblacional y menor número de cotizantes por pensionista.
¿Qué cambia en el cálculo de la pensión?
Uno de los principales cambios es la ampliación del período de cálculo de la base reguladora. Desde 2026, el trabajador podrá elegir entre dos opciones; calcular su pensión con los últimos 25 años cotizados, o utilizar un período de 29 años, eliminando los dos peores años de cotización.
Aunque esta medida se presenta como una opción flexible, en la práctica tiende a reducir la pensión inicial, especialmente en personas con carreras laborales irregulares, lagunas de cotización o salarios más bajos en los primeros años de su vida profesional. Al incluir más años en el cálculo, la media de cotización suele ser inferior.
A este cambio se suman los ajustes por edad efectiva de jubilación. Jubilarse antes de la edad legal implica penalizaciones permanentes más claras, mientras que retrasar la jubilación ofrece incentivos, aunque no siempre suficientes para compensar la pérdida inicial en determinados perfiles.
Visualicemos un ejemplo, con el fin de ver más claramente el efecto de la reforma:
María se jubila en 2026 tras una carrera laboral de 38 años. En los últimos 25 años, sus bases de cotización medias han sido relativamente altas, lo que le habría permitido, con el sistema anterior, acceder a una pensión inicial de 1.400 euros brutos mensuales.
Sin embargo, al aplicar el nuevo sistema y considerar un período más amplio de cotización, que incluye años con salarios más bajos al inicio de su carrera, su base reguladora se reduce. Como resultado, su pensión inicial pasa a ser de 1.320 euros brutos mensuales.
Esto supone 80 euros menos al mes, es decir, 960 euros menos al año. Aunque la pensión se revalorice posteriormente con la inflación, la diferencia se mantiene en el tiempo, ya que el punto de partida es más bajo. En una jubilación de 20 años, esta reducción puede suponer casi 20.000 euros menos de ingresos acumulados.
¿A quién afecta más este cambio?
El impacto es mayor en trabajadores con carreras laborales no lineales: periodos de desempleo, trabajos a tiempo parcial, salarios variables o lagunas de cotización. También afecta a quienes se jubilan justo en los primeros años de aplicación de la reforma, cuando el sistema comienza a desplegar plenamente sus efectos.
Por el contrario, las personas con carreras muy estables y salarios crecientes a lo largo del tiempo pueden verse menos perjudicadas, aunque no quedan completamente al margen del impacto.
Un sistema más sostenible, pero menos generoso al inicio
Desde el punto de vista del sistema público, estas reformas buscan garantizar la viabilidad de las pensiones a largo plazo. Sin embargo, desde la perspectiva individual, suponen un cambio profundo en la forma de afrontar la jubilación. La pensión pública seguirá siendo un pilar fundamental, pero cada vez menos suficiente por sí sola.
La necesidad de planificar con antelación
Este nuevo escenario refuerza la importancia de la planificación financiera previa a la jubilación. Conocer cómo se calcula la pensión, anticipar el impacto de estos cambios y diseñar estrategias de ahorro complementario se convierte en una necesidad, no en una opción.
En definitiva, jubilarse a partir de 2026 implica asumir que las reglas han cambiado. Entenderlas y anticiparse es clave para mantener el nivel de vida y afrontar la jubilación con mayor tranquilidad y seguridad financiera.



