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El «castigo» fiscal en España: el tipo máximo del IRPF ya es 20 puntos superior a la media europea

La tributación sobre las rentas más altas alcanza el 54% en diversas regiones, consolidando a nuestro país como uno de los territorios con mayor presión impositiva del continente.


La brecha fiscal entre España y el resto de la Unión Europea se ha ensanchado de manera alarmante en este inicio de 2026. Según los últimos datos analizados, el tipo impositivo máximo del IRPF en nuestro país, que llega a situarse en el 54% tras sumar los tramos estatal y autonómico, supera ya en 20 puntos la media impositiva para los niveles de renta más elevados en el conjunto de los países europeos de la OCDE, cuya tasa máxima promedio se sitúa en el 34%.

Este diferencial no es solo una cifra estadística; representa una de las mayores distancias fiscales de la historia reciente. Mientras países como Austria planean reducciones significativas para este año —pasando su tramo más alto del 55% al 50%—, en España la inercia recaudatoria y la falta de deflactación de los tramos frente a la inflación acumulada han disparado la carga real sobre los contribuyentes. El resultado es un sistema que muchos expertos ya califican de «confiscatorio» para los profesionales y ahorradores con mayores ingresos.

Un mapa de desigualdades autonómicas La estructura del IRPF en España no es uniforme, lo que agrava la sensación de agravio comparativo. El tipo máximo del 54% se aplica actualmente en comunidades como la Valenciana, situándose a la cabeza de la presión fiscal nacional. En el otro extremo se encuentran regiones como la Comunidad de Madrid, con un tipo máximo del 45%, o Castilla y León con el 46%.

Esta disparidad de casi diez puntos entre regiones españolas genera lo que los economistas denominan «competitividad fiscal interna», donde el lugar de residencia puede suponer un ahorro —o un gasto adicional— de miles de euros anuales para una misma base liquidable. A pesar de estas diferencias, incluso en las regiones más moderadas como Madrid, el tipo impositivo sigue estando significativamente por encima del 42,8% que marcaba la media de la OCDE el pasado año.

Impacto en la inversión y el talento La comparativa con nuestros vecinos es especialmente cruda cuando se observa el tipo efectivo. En España, un trabajador con una renta media de 20.000 euros soporta una presión impositiva muy superior a la que tendría el mismo sueldo en ciudades como Londres o París. Esta asfixia fiscal sobre las rentas medias y altas está provocando, según diversos informes sectoriales, una pérdida de atractivo para la atracción de talento internacional y un desincentivo para la inversión productiva.

Desde el sector empresarial se advierte que España se está quedando aislada en una estrategia de altos tipos impositivos mientras la mayoría de los socios europeos optan por políticas de alivio fiscal para estimular la economía en un entorno de crecimiento moderado. La suma de IRPF y cotizaciones sociales coloca a los trabajadores españoles en una posición de clara desventaja competitiva en el mercado laboral global.

En Clave La brecha de 20 puntos con Europa no es un síntoma de mayor justicia social, sino un riesgo estructural para la solvencia económica de España a largo plazo. Mantener una presión fiscal sobre las rentas altas tan alejada de la media comunitaria fomenta la deslocalización de patrimonios y desincentiva la creación de riqueza. El gran desafío para 2026 no será solo recaudar, sino reequilibrar el sistema para evitar que el IRPF se convierta en una barrera infranqueable que lastre la competitividad del país frente a una Europa que ya ha empezado a bajar la guardia fiscal.

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