El ecosistema de inversión alternativa en España demuestra una fortaleza inusual en el contexto internacional actual. Mientras los mercados globales navegan entre la incertidumbre arancelaria impulsada por Estados Unidos y tensiones geopolíticas que redibujan el mapa comercial mundial, las gestoras españolas de capital riesgo se posicionan como las más optimistas de su sector a nivel internacional.
Según revela el estudio Spain Private Equity Pulse 2026 elaborado por Grant Thornton, que recoge las perspectivas de 514 profesionales del sector en más de veinte países, el 80% de los gestores españoles tiene previsto aumentar su volumen de inversiones durante el presente ejercicio. Esta cifra contrasta significativamente con la cautela observada en otros mercados europeos y supone uno de los porcentajes más elevados entre todas las geografías analizadas.
Un crecimiento moderado pero sostenido
La expansión prevista por las gestoras españolas se caracteriza por su prudencia calculada. Tres de cada diez profesionales del sector anticipan incrementos de entre el 6% y el 10% en su actividad inversora, mientras que casi dos de cada diez apuestan por crecimientos más ambiciosos, situados entre el 26% y el 35%. Este último segmento supera en cinco puntos porcentuales a la media global, lo que subraya la confianza diferencial del mercado español.
El factor determinante detrás de este impulso es la mayor disponibilidad de activos susceptibles de ser adquiridos. Así lo señala el 42% de los encuestados españoles, ocho puntos por encima del promedio internacional. A este elemento se suma una percepción de mayor estabilidad macroeconómica en el ámbito nacional, que contrasta con la volatilidad observada en otras economías desarrolladas. Jorge Tarancón, responsable de Fusiones y Adquisiciones en Grant Thornton España, destaca que las gestoras españolas cuentan con liquidez disponible y un entorno propicio para materializar operaciones de envergadura.
Sectores y geografías en el punto de mira
La estrategia de diversificación sectorial de las gestoras españolas dibuja un mapa de prioridades claramente definido. Tecnología y servicios financieros lideran las preferencias, citados cada uno por el 24% de los profesionales consultados. Sin embargo, el dato más revelador es el protagonismo de energía y sostenibilidad, sectores que acaparan el interés del 22% de los gestores españoles en ambos casos, superando ampliamente los porcentajes registrados a nivel global.
Esta orientación hacia sectores vinculados con la transición energética y la descarbonización refleja tanto las oportunidades de negocio derivadas de los objetivos climáticos europeos como la creciente presión regulatoria que impulsa inversiones en estos ámbitos. En un contexto donde la Unión Europea establece objetivos cada vez más ambiciosos de neutralidad de carbono, las empresas vinculadas a energías renovables, eficiencia energética y economía circular se convierten en activos especialmente atractivos.
En el plano geográfico, América del Norte emerge como el destino prioritario para el 46% de las gestoras españolas, seis puntos por encima de la media internacional. Europa mantiene su atractivo tradicional con un 34% de preferencias, mientras que América Latina iguala esta cifra y supera en seis puntos el promedio global. El interés por Latinoamérica responde tanto a vínculos históricos y lingüísticos como a la búsqueda de rentabilidades superiores en mercados emergentes con potencial de crecimiento.
Captación de fondos: España marca distancia
Uno de los aspectos más destacables del informe es la facilidad relativa con la que las gestoras españolas están consiguiendo captar capital de inversores institucionales. El 64% de los profesionales españoles considera que obtener fondos es menos complejo que hace un año, una percepción que contrasta dramáticamente con el 41% observado a nivel global.
Las razones de esta ventaja competitiva son múltiples. La creación de nuevas estructuras de inversión es citada por el 64% de los encuestados españoles como factor facilitador, mientras que la ampliación de la base de inversores institucionales (limited partners o LPs en la jerga del sector) lo es por el 56%. Eduard Gellida, socio de Asesoría Financiera en Grant Thornton España, subraya que los inversores institucionales demandan cada vez más pruebas tangibles de rentabilidad histórica, continuidad en los equipos directivos y coherencia estratégica a largo plazo.
No obstante, el acceso al capital no está exento de exigencias crecientes. Seis de cada diez gestoras reconocen que el historial de rentabilidad se ha convertido en un criterio determinante para atraer inversores, mientras que uno de cada tres señala la integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) como factor cada vez más relevante. Esta tendencia refleja la maduración del mercado y la creciente sofisticación de los inversores institucionales, que buscan no solo retornos financieros sino también alineación con sus propios compromisos de sostenibilidad.
Desinversiones: el talón de Aquiles del sector
Si hay un desafío que concentra las preocupaciones del capital riesgo español, ese es la salida ordenada de las inversiones. El 42% de los encuestados identifica las desinversiones como factor crítico para el crecimiento de sus gestoras, en un contexto marcado por períodos de tenencia de activos cada vez más prolongados y un mercado de salidas a Bolsa prácticamente paralizado.
La mitad de los gestores señala que los plazos de permanencia en las inversiones se han alargado significativamente, mientras que otro 52% lamenta el estancamiento de las ofertas públicas iniciales (OPI) como vía de salida. Esta combinación de factores genera presión sobre la liquidez de los fondos y dificulta la distribución de retornos a los inversores institucionales, lo que a su vez puede complicar futuras rondas de captación.
Para los próximos años, tres de cada diez gestores consideran imprescindible una mejora de las valoraciones de los activos en cartera, deprimidas por la incertidumbre geopolítica y la volatilidad de los mercados públicos. Sin valoraciones más atractivas, las salidas estratégicas a compradores industriales o la venta a otros fondos (operaciones secundarias) se complican, limitando las opciones de materializar ganancias.
El peso creciente de la regulación
La carga normativa emerge como otra de las principales inquietudes del sector. El 38% de los gestores españoles cita el marco regulatorio como uno de los condicionantes más relevantes de su actividad, ocho puntos por encima del promedio global. La agenda regulatoria europea para 2026 es particularmente densa, con la implementación de AIFMD II (directiva de gestores de fondos de inversión alternativos), SFDR (reglamento de divulgación de finanzas sostenibles), ELTIF 2.0 (fondos de inversión a largo plazo) y el paquete normativo contra el blanqueo de capitales.
Roberto Benito, socio del área Legal especializado en Reestructuraciones de Grant Thornton España, advierte que las gestoras que hayan anticipado estas exigencias y construido carteras resistentes a los ciclos económicos estarán mejor posicionadas. La disciplina en la selección de activos, característica del mercado español en años recientes, se convierte así en un activo estratégico de primer orden.
En clave: Por qué importa
El dinamismo del capital riesgo español en un entorno global marcado por la incertidumbre refleja la madurez alcanzada por el sector en nuestro país y su capacidad para identificar oportunidades en contextos complejos. La mayor disponibilidad de activos en el mercado, combinada con una percepción de estabilidad macroeconómica relativa, sitúa a España como un destino atractivo tanto para inversores nacionales como internacionales.
Sin embargo, los retos estructurales persisten. La dificultad para materializar salidas exitosas de las inversiones, unida a una creciente exigencia regulatoria, obliga a las gestoras a profesionalizarse aún más y a adoptar estrategias de largo plazo verdaderamente sostenibles. Para el ahorrador e inversor institucional español, este escenario ofrece oportunidades de diversificación en activos alternativos con potencial de rentabilidad superior a los instrumentos tradicionales, siempre que se asuman los riesgos inherentes a la iliquidez y la mayor complejidad de estos productos.
En última instancia, el desempeño del capital riesgo español será un termómetro de la capacidad de nuestra economía para generar empresas innovadoras y escalables, y de la sofisticación de nuestro ecosistema financiero para canalizarles el capital necesario en cada fase de su desarrollo.



