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El fin de la fe en lo público: Millenials y Generación Z confían más en sus ahorros que en la Seguridad Social

Un estudio revela que solo el 5% de los jóvenes cree que el Estado será su principal sostén tras el retiro, volcando sus esperanzas en planes privados.


Las bases del contrato social sobre el que se construyó el bienestar del siglo XX se están agrietando en la mente de los trabajadores más jóvenes. Según un reciente informe de la consultora Cerulli Associates, las nuevas generaciones han desconectado emocional y financieramente de la Seguridad Social. El escepticismo sobre la viabilidad de los fondos públicos es de tal magnitud que apenas un 5% de la Generación Z y un 16% de los Millennials consideran que la jubilación estatal será su fuente primordial de ingresos en el futuro.

Este cambio de paradigma no es casualidad, sino el resultado de una desconfianza sistémica hacia la salud fiscal de los programas gubernamentales. En su lugar, el protagonismo absoluto lo están cobrando los planes de pensiones personales, como el 401(k) en el contexto estadounidense. El informe destaca que más del 58% de estos jóvenes ahorradores ya sitúan sus cuentas de inversión privadas como el pilar fundamental que financiará su vejez, asumiendo que el Estado, en el mejor de los casos, solo aportará una ayuda marginal.

Sin embargo, esta apuesta por la autonomía financiera presenta una contradicción alarmante: la desconexión operativa. Aunque los jóvenes priorizan el ahorro privado, la mayoría adopta una actitud de «configurar y olvidar». El estudio señala que, si bien el uso de herramientas automáticas de inversión ha ayudado a que más personas ahorren, existe una falta de compromiso real con la estrategia a largo plazo. De hecho, aunque el 28% de los participantes utilizó calculadoras en línea el año pasado, solo un escaso 12% realizó consultas para evaluar si realmente están preparados para retirarse o para diseñar una hoja de ruta de ingresos sólida.

La mayoría de las interacciones de los usuarios con sus proveedores de pensiones siguen siendo técnicas o reactivas: resolver problemas de acceso, consultar comisiones o mover fondos de una cuenta a otra, dejando en un segundo plano la planificación estratégica. Esta brecha entre la intención de ahorrar y la ejecución de un plan coherente abre una oportunidad de oro para que las gestoras de activos y asesores financieros asuman un rol más educativo y cercano.

Elizabeth Chiffer, analista de Cerulli, subraya que las entidades financieras tienen ahora la responsabilidad de transformar esa confianza depositada en sus productos en una relación de asesoramiento profundo. La clave, según los expertos, reside en ofrecer recomendaciones accionables y acceso a especialistas humanos que puedan guiar a los jóvenes en un entorno económico cada vez más volátil y complejo, donde la responsabilidad del bienestar futuro ha recaído, casi por completo, sobre sus propios hombros.

En Clave Estamos ante el nacimiento del «jubilado autosuficiente», un modelo impuesto por la necesidad más que por la elección. El hecho de que las nuevas generaciones den por amortizada la Seguridad Social antes siquiera de llegar a la mitad de su vida laboral es una señal de alerta para los gobiernos, pero también una transformación del mercado financiero. La jubilación ya no se percibe como un derecho garantizado por el Estado, sino como un proyecto de inversión personal. Quien no logre capitalizar sus ahorros de forma eficiente durante su juventud, se enfrentará a una vejez de precariedad, lo que podría aumentar exponencialmente la desigualdad social en las próximas décadas si no se mejora la educación financiera básica. Aquí tienes la noticia reescrita con un enfoque profesional y analítico, junto con la imagen correspondiente.

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