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El papel clave de las mujeres en la gran transferencia global de riqueza

Las mujeres se posicionan como protagonistas fundamentales en el fenómeno conocido como la Gran Transferencia de Riqueza, tanto en su rol de herederas directas como en su función de administradoras del patrimonio familiar a largo plazo. Esta es la conclusión principal de un exhaustivo análisis elaborado por UBS, que examina las preferencias de inversión de la próxima generación de clientes y los cambios estructurales en la gestión de activos.

El estudio documenta un cambio significativo que va más allá de la simple dinámica de las herencias. Se trata de una transformación profunda en la participación financiera femenina, su peso en la economía global y sus patrones de comportamiento inversor. Datos recientes muestran un incremento notable en la actividad inversora de las mujeres: según la encuesta «Mujeres e inversión 2024» de Fidelity, el 71% de las mujeres declara poseer acciones, un salto considerable respecto al 60% registrado el año anterior, aunque todavía por debajo de la participación masculina.

El perfil conservador y la brecha de riqueza

Las inversoras tienden a definir su estrategia como conservadora en mayor proporción que los hombres, y más del 70% manifiesta el deseo de haber iniciado su camino inversor en una etapa más temprana de sus vidas. Este enfoque cauteloso, si bien refleja un objetivo legítimo de protección del patrimonio acumulado con esfuerzo, puede contribuir involuntariamente a perpetuar brechas de riqueza a largo plazo. La razón radica en una menor exposición a activos de crecimiento, que históricamente han generado mayores retornos en horizontes temporales extensos.

La transferencia de patrimonio presenta dinámicas particulares cuando se analiza desde la perspectiva de género. Una proporción sustancial de los activos se transmite inicialmente de forma horizontal hacia los cónyuges supervivientes. Dado que las mujeres presentan una esperanza de vida superior a la de los hombres y frecuentemente se casan con parejas de mayor edad, se espera que, en su condición de viudas, hereden y controlen una porción significativa de los activos antes de que estos pasen a la siguiente generación.

Cifras que dimensionan el cambio patrimonial

Las proyecciones económicas resultan impactantes. McKinsey estima que para 2030, las mujeres estadounidenses controlarán 34 billones de dólares en activos invertibles, una cifra que contrasta dramáticamente con los 7,3 billones de una década atrás. En Europa Occidental, las mujeres poseen actualmente aproximadamente un tercio de los activos gestionados, una proporción que se anticipa alcanzará el 45% para el final de la década.

Sin embargo, este poder financiero creciente convive con una profunda insatisfacción hacia el sector de servicios financieros. Una encuesta de Pimco reveló que el 70% de las mujeres cree que el sistema de inversión está «diseñado para resultar confuso», una percepción que alcanza el 81% entre las mujeres millennials. Un dato particularmente revelador: aproximadamente el 70% de las mujeres cambia de gestora patrimonial durante el primer año tras el fallecimiento de su cónyuge, evidenciando tanto un momento de vulnerabilidad como una oportunidad crítica para los asesores financieros.

Tres diferencias estructurales clave

El informe identifica tres áreas donde las necesidades y preferencias femeninas difieren significativamente. En primer lugar, la acumulación de patrimonio presenta obstáculos específicos para las mujeres. Más allá de las diferencias salariales documentadas, las interrupciones en la carrera profesional y la mayor necesidad de flexibilidad laboral para el cuidado familiar impactan negativamente en la creación de riqueza. Las mujeres experimentan un 25% más de su vida con problemas de salud que los hombres, recayendo la mitad de esta carga sanitaria en sus años laborales, lo que afecta directamente productividad e ingresos.

En segundo lugar, la tolerancia al riesgo y la confianza financiera muestran patrones diferenciados. Las mujeres suelen mostrar mayor aversión al riesgo financiero, una característica estrechamente vinculada a la confianza y a la percepción del riesgo. La familiaridad y el conocimiento reducen esta percepción de riesgo, sugiriendo que la falta de experiencia inversora mantiene a muchas mujeres percibiendo las inversiones como más arriesgadas o intimidatorias de lo que realmente son. La opinión del estudio es clara: las mujeres no son intrínsecamente reacias al riesgo, sino que tienden a asumirlo de forma calculada tras realizar la debida diligencia.

En tercer lugar, las preferencias de inversión revelan una clara alineación con valores personales. Las mujeres son más propensas a priorizar empresas con equipos directivos diversos y sólidas prácticas ambientales, sociales y de gobernanza. La Encuesta de Sentimiento de los Inversores de UBS reveló que el 71% de las mujeres considera factores de sostenibilidad al invertir, frente al 58% de los hombres. Casi nueve de cada diez mujeres desearían generar mayor cambio social positivo a través de sus inversiones.

Rendimiento superior y enfoque a largo plazo

Un hallazgo destacable del análisis es que cuando las mujeres invierten, tienden a obtener mejores resultados. Un estudio de la Warwick Business School concluyó que las mujeres superaban a los hombres en rendimientos de inversión en un 1,8% anual. Esta ventaja se atribuye principalmente a que operan con menor frecuencia, incurriendo en menos costes de negociación, y son menos propensas a vender durante episodios de fuertes caídas del mercado. Las mujeres tienden a invertir según un plan estructurado, concentrándose en objetivos a largo plazo en lugar de ganancias a corto plazo.

Las generaciones más jóvenes de mujeres muestran tanto continuidades como cambios respecto a las inversoras de mayor edad. Una encuesta de BCG de 2020 reveló que el 70% de las mujeres millennials toman la iniciativa en decisiones financieras, frente a solo el 40% de las baby boomers. Las mujeres de la Generación Z son casi dos veces más propensas que las de la Generación X a invertir fuera de planes de jubilación. Las millennials comenzaron a invertir a una edad media de 27 años, significativamente antes que la Generación X (31 años) y las baby boomers (36 años). Iniciarse antes cambia la percepción del riesgo y fomenta mayor confianza con el paso del tiempo.

Las mujeres más jóvenes también se sienten más cómodas discutiendo finanzas con sus iguales, utilizan redes sociales para informarse y consideran las conversaciones sobre finanzas como una forma de fortalecer relaciones. Existen diferencias generacionales en la definición de legado: las mujeres más jóvenes expresan mayor convicción sobre la obligación de transferir patrimonio a la siguiente generación (65% frente a 55%) y mayor deseo de impacto social amplio (65% frente a 52%).

En clave: Por qué importa

La Gran Transferencia de Riqueza representa un punto de inflexión en la gestión patrimonial global. Las mujeres, que controlarán proporciones crecientes del patrimonio mundial en las próximas décadas, presentan necesidades, preferencias y comportamientos inversores que el sector financiero debe comprender y atender adecuadamente. El desajuste actual entre las expectativas femeninas y los servicios ofrecidos crea tanto un riesgo para las entidades tradicionales como una oportunidad para aquellas que se adapten.

Para las familias, este cambio subraya la importancia de incluir a las mujeres en las conversaciones financieras desde etapas tempranas, fomentando el conocimiento y la experiencia que reducen la aversión al riesgo y aumentan la confianza. Para la industria financiera, representa un llamado a desarrollar servicios más transparentes, educativos y alineados con los valores de sostenibilidad e impacto social que priorizan las inversoras. El éxito en este nuevo panorama dependerá de la capacidad de comprender que las mujeres no solo heredarán riqueza, sino que redefinirán cómo se gestiona, invierte y transmite.

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