Ahorro

Seis estrategias fundamentales para proteger tus ahorros de la inflación

Con la inflación alcanzando el 3,2% en agosto, mantener el dinero inmóvil en una cuenta corriente supone perder poder adquisitivo de forma progresiva. Las familias españolas han logrado elevar su tasa de ahorro hasta el 12% de sus ingresos al cierre de 2025, según datos de Eurostat, aunque todavía se sitúan por debajo del 17% de Francia o el 19% de Alemania. Sin embargo, ahorrar ya no es suficiente: es necesario poner ese capital a trabajar para que la inflación no erosione su valor con el paso del tiempo.

La periodista especializada en información económica y financiera Clarisa Sekulits aborda esta problemática en su libro Invertir te renta (Península, 2026), una guía práctica destinada a quienes reconocen la necesidad de movilizar sus ahorros pero no saben por dónde comenzar. La obra proporciona un recorrido completo desde los primeros pasos del ahorro hasta la construcción de una cartera de inversión diversificada y adaptada al perfil de cada persona.

Establece una rutina de ahorro constante

Antes de invertir, es imprescindible desarrollar una disciplina de ahorro. Se trata de gastar sistemáticamente menos de lo que se ingresa y reservar una parte de los ingresos cada mes. Sekulits recupera conceptos como el «lonchafinismo», una estrategia que consiste en vigilar los pequeños desembolsos cotidianos que, sumados, terminan generando un agujero importante en las finanzas personales.

Una técnica efectiva que propone la autora es pagar en efectivo durante una semana completa. Este ejercicio permite tomar conciencia real del gasto, algo que el uso habitual de tarjetas tiende a difuminar. Además, recomienda revisar periódicamente los gastos y establecer objetivos claros. Una referencia útil es la regla 50/30/20: destinar el 50% de los ingresos a necesidades básicas, el 30% a gastos discrecionales y el 20% al ahorro. Lo fundamental es asumir un compromiso y mantener la constancia incluso cuando algún mes resulte imposible cumplir el objetivo.

Construye un colchón financiero de seguridad

Antes de aventurarse en los mercados financieros, resulta esencial protegerse frente a imprevistos. Sekulits recomienda construir un fondo de emergencia capaz de cubrir entre tres y seis meses de gastos de la economía familiar. Solo una vez consolidado este colchón debería plantearse invertir el dinero que no se vaya a necesitar en el corto plazo.

La razón es sencilla: invertir sin respaldo puede obligar a vender activos en el peor momento posible, cuando los mercados caen o cuando surgen gastos inesperados. Este fondo de emergencia debe mantenerse en productos líquidos y de bajo riesgo, como cuentas remuneradas o depósitos a corto plazo, que permitan acceder al dinero de forma inmediata sin penalizaciones.

Define tu perfil de inversor antes de elegir productos

Una vez creado el colchón de seguridad, llega el momento de decidir qué hacer con el excedente. No hace falta disponer de grandes cantidades para empezar, pero sí es crucial conocer dos variables: el nivel de riesgo que se está dispuesto a asumir y el horizonte temporal durante el cual se puede prescindir de ese dinero.

La autora distingue tres perfiles básicos de inversor. El conservador prioriza preservar el capital por encima de la rentabilidad; el moderado busca un equilibrio entre seguridad y rentabilidad; y el arriesgado puede soportar mayores oscilaciones a cambio de un potencial de ganancia superior. La regla fundamental es clara: a mayor rentabilidad esperada, mayor riesgo se debe asumir, y viceversa. Por ello, es importante que la aspiración de rentabilidad esté siempre supeditada a la capacidad real de soportar pérdidas temporales.

Explora las opciones de inversión disponibles

Existen tres grandes categorías de activos: bolsa, renta fija y liquidez. Las acciones permiten participar en el crecimiento de las empresas y ofrecen un mayor potencial de rentabilidad a largo plazo, aunque con fuertes oscilaciones en el corto plazo. La renta fija, a través de bonos emitidos por empresas o gobiernos, ofrece una vía más estable: el inversor presta su dinero a cambio de unos intereses y recupera el capital al vencimiento, aunque el precio de los bonos también puede variar antes de esa fecha. La liquidez agrupa productos como cuentas, depósitos o fondos monetarios, que permiten mantener el dinero disponible y asumir un nivel de riesgo reducido, aunque con una rentabilidad más limitada.

A estos tres bloques se suman otras alternativas. Los inmuebles son una de las inversiones más habituales entre los españoles, aunque requieren una cantidad importante de dinero, pueden concentrar demasiado patrimonio en un único activo y son difíciles de convertir rápidamente en efectivo. Las materias primas, como el oro, pueden servir para diversificar una cartera, pero también están expuestas a movimientos de precios. Las criptomonedas presentan una volatilidad todavía mayor y, por tanto, un nivel de riesgo muy elevado. Y el capital riesgo permite invertir en empresas que no cotizan en Bolsa, con potencial de rentabilidad, pero también con una menor liquidez y un horizonte de inversión más largo.

Elige con criterio a quién confiar tus ahorros

Decidir quién va a gestionar el dinero es tan importante como elegir en qué invertirlo. Se puede acudir al banco de toda la vida, buscar un asesor financiero, utilizar un roboadvisor o gestionar directamente la cartera mediante un bróker. En cualquier caso, hay dos elementos que no pueden faltar: comparar las comisiones y comprobar si existe algún conflicto de interés.

Sekulits recomienda hacer preguntas incómodas antes de decidir: ¿cuánto me cobran en comisiones?, ¿qué parte de mi dinero está en productos de la propia entidad?, si necesito acceder a mi dinero, ¿qué plazos y costes tendría que asumir?, ¿cómo actuarías si el mercado cayese o entrase en una fase bajista?, o si decido mover mis inversiones a otro banco, ¿hay penalizaciones o costes asociados? Las respuestas a estas preguntas pueden marcar la diferencia entre una inversión exitosa y una decepción costosa.

Mantén una revisión periódica sin obsesionarte

Invertir no significa comprar un producto y olvidarse de él, pero tampoco vivir pendiente de la cotización todos los días. La autora recomienda revisar la cartera cada tres o seis meses, comprobar que los productos siguen cumpliendo su objetivo, vigilar la diversificación y reajustar el nivel de riesgo cuando sea necesario.

Es fundamental mantener la cabeza fría. El miedo puede llevar a vender cuando el mercado cae y el exceso de confianza, a asumir más riesgo del que realmente se puede soportar. Son algunos de los sesgos psicológicos que pueden convertir una buena estrategia en una mala decisión. La receta final es, quizá, la más sencilla de todas: empezar cuanto antes, invertir de forma recurrente y mantener controlado el gasto. Y cuando llegue el momento de recuperar el dinero, volver a hacer números, porque también entonces la perspectiva fiscal puede marcar la diferencia.

En clave: Por qué importa

Esta guía práctica llega en un momento en el que la inflación persiste por encima del 3% y las familias españolas se enfrentan al reto de proteger el valor real de sus ahorros. La diferencia entre mantener el dinero inmóvil y ponerlo a trabajar puede suponer miles de euros a lo largo de una década. Para quienes nunca han invertido, el desconocimiento y el miedo al riesgo son barreras significativas. Sin embargo, no actuar también tiene un coste: la pérdida gradual de poder adquisitivo.

La información y la planificación son las mejores herramientas para tomar decisiones financieras acertadas. Conocer el propio perfil de riesgo, diversificar adecuadamente, elegir al intermediario correcto y mantener una revisión periódica sin caer en la sobreexposición emocional son pasos que cualquier ahorrador puede dar. En un contexto económico incierto, la educación financiera se convierte en una inversión en sí misma.

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