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El conflicto con Irán amenaza con elevar la inflación global dos puntos porcentuales, según RBC BlueBay

La escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán ha desencadenado una alerta en los mercados financieros globales. Según Kaspar Hense, gestor sénior de carteras en el equipo de Investment Grade de RBC BlueBay Asset Management, este conflicto representa un punto de inflexión para la economía mundial, con consecuencias directas sobre la inflación, los tipos de interés y la valoración de activos.

El experto señala que un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, uno de los principales cuellos de botella para el comercio energético mundial, podría desencadenar un incremento de la inflación global de aproximadamente dos puntos porcentuales. Esta vía marítima es crucial para el suministro global: entre el 20% y el 25% del petróleo y gas mundiales transitan por ella, además de un tercio de la demanda global de fertilizantes y helio.

Las reservas estratégicas, cerca del agotamiento

La situación actual ya muestra señales preocupantes. El bloqueo del estrecho ha resultado en la pérdida de unos 700 millones de barriles de crudo, según cálculos de RBC BlueBay. Aunque países como China y Japón cuentan con reservas significativas para amortiguar el impacto inicial, estas se están agotando rápidamente. Las reservas de gas en algunos países asiáticos están prácticamente vacías, mientras que el almacenamiento de fertilizantes en Estados Unidos ha permanecido bajo debido a los elevados precios causados por aranceles previos.

Hense advierte que, a medida que estas reservas se consumen, el riesgo de escasez real que impulse aún más los precios al alza es muy tangible. El helio, utilizado en aplicaciones médicas e industriales críticas, presenta un desafío adicional al no poder almacenarse de forma eficiente en términos de costes.

Impacto diferenciado por regiones

Las consecuencias económicas no serán uniformes en todo el planeta. Estados Unidos, al ser exportador neto de petróleo, se encuentra en una posición relativamente favorable para sortear la tormenta. En contraste, Asia, Europa y el Reino Unido sufrirán mayores efectos adversos, dado que son importadores netos y tomadores de precios en el mercado de materias primas.

Como regla general, RBC BlueBay estima que un aumento de un punto porcentual en la inflación reducirá el crecimiento económico en aproximadamente medio punto porcentual a nivel global. China enfrentará además un doble golpe: no solo por el encarecimiento energético directo, sino también porque el shock de costes de insumos frenará el dinamismo del comercio global, del cual es un actor fundamental.

El escenario más probable en estos momentos contempla que el petróleo siga escalando gradualmente hasta alcanzar los 130 dólares por barril, lo que mantendría una presión elevada sobre los bancos centrales y sobre los tipos de interés en general. Latinoamérica, por su parte, parece estar en mejor posición relativa, al igual que países exportadores como Kazajistán y Noruega.

Los bancos centrales ante un dilema complejo

La crisis ha colocado a los principales bancos centrales en una encrucijada difícil. Antes del estallido del conflicto, la trayectoria de la inflación parecía muy favorable, permitiendo a instituciones como el Banco Central Europeo (BCE) considerar recortes adicionales en los tipos de interés. Sin embargo, la realidad actual hace imposible ignorar la presión al alza sobre los precios.

Como bien describió Christine Lagarde, el BCE se encuentra en una posición relativamente cómoda tras haber podido reducir los tipos con anterioridad, lo que le otorga cierto margen para ajustar la política monetaria. En su escenario base, el BCE se inclinaría por mirar a través del shock inflacionario temporal, dado que el crecimiento europeo sigue siendo débil y por debajo de su potencial. No obstante, este escenario base contempla solo un mes de disrupción, y el tiempo corre.

La situación es más complicada para el Banco de Inglaterra, donde la inflación ha sido históricamente más persistente debido a una transmisión más rápida al consumidor y a efectos de segunda ronda consolidados en los salarios. Aunque la trayectoria inflacionaria parecía favorable antes de la crisis, ahora es más probable que la inflación vuelva a subir hasta el 5%. El Banco de Inglaterra afronta mayores problemas de credibilidad y no puede permitirse ignorar esta amenaza, pese a que la trayectoria económica ya era débil previamente.

La Reserva Federal y la nominación de Kevin Warsh

En Estados Unidos, la Reserva Federal opera bajo un mandato dual de estabilidad de precios y pleno empleo, lo que le otorga cierta flexibilidad adicional. Aunque está menos presionada por los mercados para subir tipos en comparación con sus homólogos europeos, el impacto inflacionario también podría situarse en torno a dos puntos porcentuales por encima de un escenario base ya del 3%.

La reciente nominación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed ha generado expectación en los mercados. El mercado está muy polarizado respecto a su nombramiento, percibido por muchos como fuertemente impulsado por motivos políticos. Mientras algunos destacan la presión de la administración para reducir los tipos, Warsh ha defendido en el pasado que la Fed debería ser menos prospectiva. Con el escenario inflacionario actual en desarrollo, será difícil que la nueva cúpula de la institución ignore los riesgos evidentes.

Mercados de deuda y emisiones previstas

En cuanto a los mercados de renta fija, a comienzos de año RBC BlueBay esperaba que la emisión neta global de deuda de grado de inversión aumentara en unos 200.000 millones de dólares en 2025, impulsada por factores vinculados a la inteligencia artificial. Hasta el momento, ya se han registrado emisiones por unos 135.000 millones, y la mayoría de analistas han elevado sus previsiones hasta niveles similares a los manejados inicialmente. Sin embargo, con la actual disrupción de los mercados, podría verse una cierta revisión a la baja de las expectativas de oferta.

Pese a la incertidumbre, la demanda de los inversores sigue siendo muy sólida en todo el espectro de crédito. RBC BlueBay no espera que esto cambie de forma significativa, aunque es más probable que los flujos se reduzcan en algunas asignaciones de mayor riesgo, como la deuda privada y la renta variable. Además, se prevé una oferta algo mayor por parte de los gobiernos: los costes operativos del conflicto ya rondan los 30.000 millones de dólares, y cualquier acuerdo implicaría probablemente algún tipo de compensación financiera.

Valoraciones y oportunidades en un entorno incierto

Respecto a las valoraciones actuales, Hense señala que los mercados de bonos se han convertido aún más en mercados de rentabilidad tras las recientes caídas. Los diferenciales ya eran reducidos al inicio de la crisis y no se han ajustado demasiado en relación con los riesgos. Las rentabilidades han aumentado y son más atractivas, pero con el petróleo previsto para seguir subiendo en los próximos dos meses, todavía es pronto para determinar el punto máximo.

Existe una elevada incertidumbre en torno al posible acuerdo diplomático, al pico de los precios del petróleo y a la evolución de los tipos de interés. Hay una alta probabilidad de que surjan ganadores y perdedores claramente definidos a nivel geográfico. Asia debería ser la región más afectada por el encarecimiento de las materias primas, mientras que países como Kazajistán, Noruega y las economías latinoamericanas parecen estar en mejor posición. Estados Unidos también debería verse menos afectado que Europa en términos relativos.

En clave: Por qué importa

Este conflicto geopolítico no es un evento aislado más en el panorama internacional, sino que representa un catalizador que puede alterar profundamente las expectativas macroeconómicas globales para los próximos trimestres. La posibilidad de que la inflación repunte de forma sostenida en un momento en que los bancos centrales habían comenzado a relajar su política monetaria plantea un escenario complejo para inversores, gobiernos y ciudadanos.

Para el ahorrador medio, esto se traduce en una realidad tangible: mayor presión sobre el coste de la vida, especialmente en energía y productos básicos, junto con la probabilidad de que los tipos de interés permanezcan elevados por más tiempo del anticipado. Para los inversores, implica navegar en un entorno de mayor volatilidad donde la selección geográfica y sectorial cobra una importancia renovada. La evolución del conflicto y la capacidad de los actores internacionales para alcanzar un acuerdo que reabra el estrecho de Ormuz serán determinantes para definir si este shock será transitorio o marcará un cambio de régimen más profundo en la economía global.

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