MFS Investment Management analiza cómo la inteligencia artificial, la polarización política y las nuevas ayudas fiscales redefinirán el tablero económico global.
El panorama económico de cara a 2026 se presenta como un rompecabezas de alta complejidad donde la política fiscal tomará el relevo de la monetaria. Según el último análisis de MFS Investment Management, el próximo año estará marcado por un despliegue sin precedentes de estímulos gubernamentales, la consolidación de la inteligencia artificial como motor estructural y un tablero geopolítico cada vez más fragmentado. En este entorno, la resiliencia corporativa y la diversificación estratégica dejarán de ser recomendaciones para convertirse en imperativos de supervivencia.
El retorno del intervencionismo estatal
El año 2026 se perfila como el ejercicio de los estímulos globales. En Estados Unidos, se espera que la Reserva Federal mantenga una senda expansiva con varios recortes de tipos, pero el verdadero protagonista será el frente fiscal. Durante el primer semestre, la implementación de la ley «One Big Beautiful Bill Act» (OBBBA) inyectará aproximadamente 60.000 millones de dólares directamente en los hogares estadounidenses. Medidas como la elevación del límite de deducción SALT y las bonificaciones por hijos buscan apuntalar el consumo interno, mientras que las empresas se beneficiarán de amortizaciones aceleradas e incentivos a la I+D.
Sin embargo, este optimismo inicial podría verse empañado en la segunda mitad del año. La incertidumbre sobre la validez jurídica de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), clave para la política arancelaria de la administración Trump, y los posibles recortes en programas sociales como Medicaid o SNAP, introducen nubarrones en el horizonte del consumo estadounidense.
Fuera de las fronteras norteamericanas, el patrón se repite. Europa, liderada por el músculo fiscal de Alemania, está movilizando recursos para compensar la menor agresividad del BCE. China, por su parte, lucha contra las presiones deflacionarias mediante un doble frente de apoyo monetario y fiscal, mientras que Japón, bajo el liderazgo de Sanae Takaichi, apuesta por un ambicioso plan de gasto público plurianual que prioriza el crecimiento sobre la ortodoxia de la deuda.
Geopolítica: La seguridad sobre la eficiencia
La era de la globalización de bajo coste ha dado paso a una economía de seguridad nacional. La disociación entre Washington y Pekín continúa obligando a las naciones a rediseñar sus cadenas de suministro. Aunque existe una tregua comercial temporal, la carrera por el control de los minerales críticos y la tecnología de semiconductores está elevando los costes de producción, ya que los gobiernos ahora priorizan el acceso garantizado frente a la asequibilidad.
A esto se suma una polarización política extrema. El auge de figuras populistas y el descontento social están alterando la previsibilidad de las políticas públicas. MFS advierte que la disciplina fiscal se está relajando en Occidente; incluso Alemania ha flexibilizado sus reglas de gasto para reforzar su defensa e infraestructuras, lo que plantea interrogantes a largo plazo sobre la sostenibilidad de la deuda pública global.
¿Burbuja o Revolución? El veredicto de la IA
A diferencia de la crisis de las «puntocom» en 1999, los expertos de MFS consideran que las valoraciones actuales de las grandes tecnológicas, aunque elevadas, se sustentan en fundamentales sólidos. Mientras que en el año 2000 empresas como Cisco cotizaban a 126 veces sus beneficios, gigantes actuales como Nvidia mantienen ratios mucho más razonables (cerca de 28 veces), respaldados por flujos de caja reales y una rentabilidad tangible.
La IA no es solo una moda pasajera, sino una transformación total que afecta desde la logística hasta la medicina. No obstante, el mercado debe vigilar de cerca la monetización de estas inversiones. El caso de OpenAI es sintomático: la compañía aspira a pasar de 15.000 a 200.000 millones de dólares en ingresos para 2030. Si la demanda no se materializa a la velocidad prevista, o si los procesos de salida a bolsa fallan, el sector podría enfrentarse a un ajuste severo por exceso de capacidad.
En Clave La transición hacia 2026 marca el fin de la era de la «mano invisible» y el regreso de la economía dirigida por el Estado. Para el inversor, esto significa que el análisis de balances ya no es suficiente; ahora es crucial interpretar la voluntad política y los riesgos jurisdiccionales. La noticia es relevante porque confirma que estamos entrando en un ciclo donde la inflación podría ser más persistente debido al gasto público y al encarecimiento de la producción por motivos geopolíticos. La clave del éxito residirá en identificar aquellas compañías que, más allá de la narrativa de la IA, posean la solidez financiera para navegar un mundo con deudas públicas en máximos históricos.



