La generación nacida entre 1958 y 1977 rompe moldes financieros al sustituir los ahorros estáticos por fondos de inversión y carteras diversificadas.
El panorama financiero español está asistiendo a una transformación silenciosa pero profunda: la jubilación de la generación del baby boom no solo es un reto demográfico, sino un cambio de paradigma en la gestión del patrimonio personal. Aquella vieja costumbre de «dejar el dinero en la cartilla» o en depósitos a plazo fijo ha pasado a la historia. Los nuevos pensionistas, nacidos entre 1958 y 1977, se han convertido en el motor de los fondos de inversión, demostrando una sofisticación y un apetito por el riesgo que rompe con todos los esquemas tradicionales.
Según los datos más recientes del Banco de España, el salto es cuantitativo y cualitativo. Si hace apenas dos décadas menos del 4% de las personas entre 65 y 74 años contaba con seguros de vida-ahorro o planes de pensiones, hoy esa cifra se ha disparado por encima del 32%. Aún más revelador es que más del 11% de los mayores de 75 años ya gestionan su capital a través de fondos de inversión, triplicando la presencia que este producto tenía en sus carteras en el año 2011.
Adiós a las recetas de inversión obsoletas Durante años, la regla de oro de la banca era sencilla: a más edad, menos riesgo. Se aconsejaba llegar a los 65 años con el 90% del capital en renta fija ultraconservadora. Sin embargo, en 2026, esa fórmula se considera caduca. Expertos del sector, como Víctor Alvargonzález o Rafael Valera, señalan que la mayor longevidad obliga a replantear la estrategia. Dado que la etapa de jubilación puede prolongarse 20 o 30 años, mantener el dinero inmóvil equivale a permitir que la inflación devore el poder adquisitivo.
Esta generación no solo tiene más recursos —es el único grupo etario que ha mejorado sustancialmente su situación financiera en los últimos 20 años— sino que también aplica una mentalidad más dinámica. La analogía del «café» ayuda a entenderlo: si de jóvenes buscaban un «café solo» (puro riesgo), ahora prefieren ir añadiendo «leche» (activos seguros como deuda soberana) para suavizar la mezcla, pero sin renunciar al sabor de la rentabilidad que ofrecen las acciones.
El factor fiscal y la gestión del patrimonio La decisión de no retirar el dinero de golpe al jubilarse también responde a una lógica fiscal aplastante. Rescatar un plan de pensiones de forma íntegra supone un impacto masivo en el IRPF, ya que tributa al tipo marginal. Por ello, los boomers optan por mantener sus activos invertidos, generando rendimientos mientras realizan retiradas parciales.
La banca, consciente de este movimiento, ha reaccionado creando productos específicos para el cliente sénior, como la oferta «Generación +» de CaixaBank. Ya sea para financiar aficiones como el alpinismo o simplemente para asegurar un legado familiar, los jubilados de hoy actúan más como gestores de su propio fondo de capital riesgo que como meros ahorradores pasivos. La diversificación ya no es cosa de jóvenes ejecutivos, sino la herramienta de cabecera de quienes hoy estrenan su retiro.
Por qué importa: En Clave Este cambio de comportamiento financiero es crucial porque inyecta una liquidez masiva y estable en el mercado de capitales. La generación baby boom ostenta el mayor patrimonio neto de España y su decisión de permanecer invertida, en lugar de liquidar activos, sostiene la industria de la gestión de activos. A largo plazo, esto sugiere que el bienestar de los futuros jubilados dependerá cada vez menos de la revalorización de las pensiones públicas y cada vez más de su capacidad para navegar en los mercados financieros, convirtiendo la educación financiera en una herramienta de supervivencia tan vital como la propia salud.



