La cesta de la compra alivia, pero los precios estructurales siguen desafiando la estabilidad económica
El Índice de Precios al Consumo (IPC) en España mostró una desaceleración significativa en enero, cayendo medio punto hasta situarse en el 2,4% en tasa interanual. Este dato, adelantado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), representa un respiro para los consumidores, marcando una contención en la subida general de precios.
La moderación del IPC se debe, principalmente, a la caída de los precios de la electricidad, en contraste con el aumento que experimentaron en enero del año anterior. También influyó la menor subida de los precios de los carburantes.
Sin embargo, la inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles como los alimentos no elaborados y los productos energéticos, se mantuvo estancada en el 2,6%. Este indicador es crucial, ya que revela la presión inflacionista de fondo en la economía.
La persistencia de la inflación subyacente sugiere que, a pesar de las fluctuaciones en energía y alimentos, otros componentes de la cesta de la compra siguen encareciéndose a un ritmo considerable. Esto incluye bienes y servicios con una mayor dependencia de los costes laborales y de producción.
Aunque el IPC general da un respiro, la estabilidad de la inflación subyacente plantea un desafío para la política monetaria y económica, indicando que la lucha contra el alza de precios aún no está ganada en todos los frentes.
En Clave: El equilibrio precario de la economía española
La disparidad entre el IPC general y la inflación subyacente en enero refleja la complejidad del escenario económico actual en España. Mientras la bajada de la energía ofrece un alivio puntual y muy bienvenido para el bolsillo de los ciudadanos, el estancamiento de la inflación subyacente nos alerta sobre la persistencia de presiones internas en los precios. Este dato es crucial para el Banco Central Europeo a la hora de tomar decisiones sobre los tipos de interés. Si la inflación subyacente no muestra signos claros de moderación, las esperanzas de una bajada de tipos a corto plazo podrían verse comprometidas, impactando directamente en el coste de financiación para empresas y familias. La estabilidad económica dependerá de cómo evolucionen estos indicadores en los próximos meses y de la capacidad de las políticas para influir en los precios estructurales.



