De Venezuela a las tensiones en el Ártico y la Fed, eventos clave de principios de año obligan a gestoras internacionales a recalibrar sus estrategias para 2026.
El comienzo de 2026 ha sacudido las expectativas económicas mundiales, empujando a las grandes gestoras de inversión a reevaluar sus pronósticos. Aunque los escenarios base se mantienen, la volatilidad geopolítica ha escalado, añadiendo nuevas capas de complejidad al entorno de inversión. Desde MFS Investment Management, se subraya cómo las políticas de estímulo globales, la geopolítica y el avance de la inteligencia artificial (IA) marcarán la pauta hasta 2026. Estados Unidos, Europa, China y Japón se perfilan con estrategias de estímulo fiscal, generando oportunidades en activos de crecimiento.
Sin embargo, estas dinámicas conviven con riesgos geopolíticos latentes. La desconexión económica entre EE. UU. y China sigue redefiniendo las cadenas de suministro globales. La carrera por la supremacía en IA y el auge del populismo intensifican el panorama. Las naciones occidentales, además, enfrentan el desafío de crecientes niveles de deuda y déficit, lo que exige diversificación y resiliencia empresarial.
A pesar de esta agitación, los mercados de renta fija global muestran relativa calma, con los bonos del Tesoro de EE. UU. a 10 años operando en un rango estable. Mark Dowding de BlueBay Asset Management observa que el mercado de futuros de tasas anticipa recortes de la Fed en 2026, mientras la economía estadounidense mantiene un impulso sólido.
AllianzGI proyecta una economía global robusta, impulsada por la flexibilización monetaria, balances privados fuertes y la IA, aunque la inflación en EE. UU. sigue siendo un foco de atención. La gestora ha virado hacia un posicionamiento pro-riesgo, enfatizando la diversificación, pero sin perder de vista los riesgos geopolíticos, como la reciente implicación de EE. UU. en Venezuela.
T. Rowe Price, por su parte, prevé una superación de expectativas para EE. UU. en 2026, apoyada por el gasto en IA y la expansión fiscal. Europa, en contraste, podría quedar rezagada debido a aranceles anticipados. En mercados emergentes, la inflación y la deuda parecen controladas, aunque el impacto de los aranceles es una incógnita a largo plazo. La inflación persistente y la elevada deuda pública de EE. UU. sugieren que la Fed podría tener dificultades para alcanzar su objetivo del 2%, lo que podría limitar los recortes de tasas esperados. Patrick Artus de Ossiam pronostica una divergencia de crecimiento, con EE. UU. superando a la eurozona, Reino Unido y Japón, donde los bancos centrales enfrentarán el dilema de inflación alta y crecimiento débil.
En Clave: Los primeros 19 días de enero han servido como un potente recordatorio de la interconexión entre la geopolítica y la economía global. La reactivación de tensiones en Venezuela, el creciente conflicto en Irán y las especulaciones sobre la independencia de la Reserva Federal, son solo una muestra de cómo eventos aparentemente dispares pueden desestabilizar la confianza del mercado. La capacidad de adaptación de los inversores y la resiliencia de las empresas serán cruciales para navegar un 2026 que promete ser tan dinámico como impredecible. La anticipación de estos «cisnes negros» y una estrategia de diversificación robusta se perfilan como herramientas esenciales en un panorama donde la incertidumbre es la única constante.



