Jubilación

La brecha de las pensiones en España se dispara: la desigualdad territorial crece 1.330 euros al año

Un informe revela que la fractura entre las jubilaciones del norte y el sur se ha abierto un 20% en el último lustro, impulsada por las enormes diferencias en los salarios y las cotizaciones.

El mapa de las pensiones en España se está rompiendo, y lo hace a una velocidad vertiginosa. Lejos de converger, el sistema público de jubilación está mostrando dos velocidades irreconciliables dependiendo de la Comunidad Autónoma donde resida el beneficiario. Según los últimos datos, la desigualdad entre las pensiones medias de las regiones más ricas y las más pobres se ha disparado un 20% en apenas cinco años.

Esta divergencia no es una cuestión de céntimos; tiene un impacto devastador en el bolsillo de los jubilados. En términos absolutos, la grieta entre la prestación media más alta y la más baja se ha ensanchado hasta alcanzar una diferencia de 1.330 euros anuales adicionales respecto a hace un lustro. Es decir, la distancia entre «los que más cobran» y «los que menos» es hoy mucho más insalvable que antes de la pandemia.

El abismo de las cotizaciones: el origen del problema

Para entender por qué un jubilado vasco cobra significativamente más que uno extremeño, hay que mirar el mercado laboral del que provienen. El estudio señala una correlación directa y brutal: a menor cotización, menor pensión.

Las cifras son elocuentes. La cotización media anual de un trabajador en el País Vasco —la región con las pensiones más altas— supera actualmente los 7.255 euros, mientras que en Extremadura esa cifra se desploma hasta los 5.319 euros. Esta diferencia de casi 2.000 euros en las aportaciones a la Seguridad Social es la maquinaria que alimenta la desigualdad futura.

El informe destaca también cómo se distribuyen los salarios bajos. Mientras que en comunidades como el País Vasco solo el 40% de los trabajadores tienen ingresos por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), y en Navarra o Madrid las cifras rondan el 44-47%, en regiones con pensiones más modestas la precariedad salarial es mucho más acusada.

Productividad y demografía: la tormenta perfecta

El análisis no se detiene solo en las nóminas. La productividad regional juega un papel clave en esta ecuación. Comunidades como Islas Baleares, Canarias, País Vasco y Cataluña están tirando del carro de la productividad española, que en 2024 creció casi un 2%, contrastando con la contracción del -0,7% registrada de media en Europa.

Sin embargo, la demografía añade presión a las zonas con menor dinamismo económico. La tasa de dependencia de mayores de 64 años y el número de afiliados por pensionista siguen dibujando un escenario donde las regiones con peores pensiones son, paradójicamente, las que enfrentan mayores retos de sostenibilidad a largo plazo.


En Clave: Una España de dos velocidades

Por qué importa: Más allá de la frialdad de los números, este aumento del 20% en la desigualdad de las pensiones evidencia un fallo estructural en la cohesión territorial del Estado. El sistema de Seguridad Social, diseñado bajo el principio de «caja única» y solidaridad interterritorial, está arrojando resultados que, en la práctica, consolidan ciudadanos de primera y de segunda clase en su etapa de retiro.

Si la brecha sigue abriéndose a un ritmo de más de 1.300 euros por lustro, corremos el riesgo de que el código postal se convierta en el único factor determinante de la calidad de vida en la vejez, por encima incluso del esfuerzo laboral individual. La noticia no es solo que las pensiones suban, sino que la escalera para alcanzarlas se está rompiendo por la base en la mitad del país.

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